Mayores activos - SALUD, NUTRICIÓN, ECONOMÍA Y OCIO
Sendasenior.com Sendasenior.com

Síguenos en:
Mayores activos - SALUD, OCIO, DEPENDENCIA y UNIVERSIDADES



Miércoles, 4 de Abril 2018


Vivir sin sujeciones es posible



En España, existe un uso excesivo e inadecuado de sujeciones, tanto físicas como químicas, en personas mayores dependientes y, sobre todo, con demencias y enfermedad de Alzheimer. Las personas sometidas a estas sujeciones se enfrentan a una pérdida de autonomía, dignidad y autoestima. Por tanto, eliminar o reducir al mínimo su uso debe ser una prioridad para los profesionales del sector sociosanitario. Más aún cuando existen medidas alternativas válidas y seguras, que han demostrado que vivir sin sujeciones es posible.

La reducción y, en muchos caso, la eliminación de las sujeciones físicas en las residencias es un proceso imparable gracias al programa Desatar al anciano y al enfermo de alzhéimer de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (Ceoma), que lleva trabajando desde 2013 para lograr un uso racional de las sujeciones. Cada mes, se acreditan nuevos centros libres de sujeciones, que han logrado erradicar totalmente el uso de sujeciones de su práctica diaria. La implicación de los profesionales ha permitido avanzar hacia la tolerancia cero a las sujeciones como la mejor práctica para respetar la libertad de las personas mayores o en situación de dependencia.

Sin embargo, la eliminación de las sujeciones químicas está siendo un proceso más lento y complejo. “A diferencia de las ataduras físicas, las sujeciones farmacológicas son muy difíciles de erradicar, porque no se pueden ver a simple vista y los tratamientos se pautan en el contexto del secreto profesional entre médico y paciente, circunstancia que dificulta el control de calidad externo”, explica Rubén Muñiz, director de Investigación de la Fundación María Wolff, que lleva 24 años estudiando la aplicación de terapias no farmacológicas. 

Más del 80 % de los mayores que ingresan en residencias tienen, al menos, un fármaco mal prescrito y, la mayoría de las veces, se trata de psicofármacos. Una parte de estos psicofármacos pueden, además, estar pautados para manipular o limitar el comportamiento de los mayores. De ahí la importancia de que la Fundación María Wolff haya conseguido, por primera vez, que una residencia pueda acreditar, mediante auditores externos de la Confederación Española de Alzhéimer (Ceafa), que los fármacos estén correctamente prescritos y que no se limite la libertad de movimiento ni de expresión de ningún residente con fármacos.

La presidenta de Ceafa, Rosa María Cantabrana, defiende la humanización de los cuidados para, de esta manera, mejorar la calidad de vida de las personas con demencia institucionalizas. “Es posible cuidar con calidad, bienestar y dignidad. De todas las metodologías posibles, se ha seleccionado la Chrome con un doble objetivo: acreditar a los centros como libres de sujeciones y mejorar la calidad de vida de las personas racionalizando el uso de fármacos con seguridad”, señala Cantabrana. El papel de Ceafa ha sido verificar que el centro ha hecho una correcta implantación de la metodología, acreditarlo y proporcionar el certificado. “El verdadero logro de este proceso es constatar que se puede cuidar a personas con demencia con calidad y seguridad, prescindiendo de los psicofármacos en los casos que se considere oportuno”, defiende la presidenta de Ceafa. 

Como consecuencia, El Pino de Las Palmas de Gran Canaria, gestionado por la empresa Icot, ha sido el primer centro que ha demostrado de manera fehaciente que los profesionales que atienden a las 190 personas mayores de esta residencia, propiedad del Instituto de Atención Social y Sociosanitaria del Cabildo de Gran Canaria, evitan los riesgos de psicofármacos pautados erróneamente o en exceso. El doctor Javier Olazarán, director científico de la Fundación María Wolff, recuerda que, además, los neurolépticos son “fármacos peligrosos que aumentan la mortalidad. Debemos aprender a tratar de forma eficaz los problemas de conducta en las residencias, como la demanda de atención para eliminar las sujeciones químicas”.

Un ejemplo a seguir
El director de la residencia El Pino, Alejandro López, explica que “en octubre de 2014 empezamos con la descontención física y de un 50 % de sujeciones hemos pasado a tener cero”. Mientras, el proceso de desatar químicamente a los residentes comenzó en diciembre de 2015 y finalizó dos años después, “con la obtención de la acreditación que reconoce la drástica reducción de la prescripción de fármacos peligrosos para los residentes con demencias llegando, en algunos casos, a eliminarlos totalmente”. 

Para optimizar el uso de psicofármacos y la eliminación total de ataduras físicas, El Pino tuvo que reorganizar una parte significativa de los procesos de la residencia como, por ejemplo, ajustar los horarios de acostar y levantar a los residentes teniendo en cuenta sus necesidades reales o aplicar terapias no farmacológicas. “Hemos puesto en práctica la atención centrada en la persona, donde el usuario es el centro de la atención”, señala López, quien reconoce que “este proceso ha sido posible gracias a la apuesta de la organización, la implicación de los trabajadores, el consenso con la familia y el apoyo de la Fiscalía”. La formación y el asesoramiento de la Fundación María Wolff fue también, en opinión de López, determinante. 

“Al principio, hubo un pequeño aumento de caídas, porque no estábamos acostumbrados a cuidar a las personas sin sujeciones, pero no aumentó el número de fracturas. De la misma manera, al comenzar a eliminar las sujeciones químicas tuvimos un repunte del trastorno de conducta sin mayores consecuencias. Los usuarios empiezan a caminar, vuelven a cantar y se despiertan por la noche, pero cuando se acuestan a las ocho de la tarde es normal”, declara el director del centro. La voluntad y la creatividad son importantes para resolver determinadas situaciones, “sin tener que aumentar el ratio de personal”.

Por Sonia García


Nota








rollover css e imágenes

Escuchar último programa