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Lunes, 6 de Agosto 2018


Talleres de memoria



Cuidar la memoria, mantenerla activa, es clave para mantenernos más saludables y, aunque es cierto que el paso de los años implica que nuestra memoria pueda deteriorarse, también lo es que está en nuestra mano incorporar ciertos hábitos a nuestra vida que faciliten su mantenimiento y su actividad. Los talleres de memoria nos ayudan a conseguir ese objetivo, proponiendo ejercicios para trabajar diferentes tipos de memoria: visual, a largo plazo o semántica, entre otras.
 
Cuando hablamos de envejecimiento activo y saludable, damos por hecho que hemos de cuidar nuestro cuerpo a través de la práctica periódica de la actividad física más adecuada para cada uno de nosotros. Pero, en ocasiones, se nos olvida que ese cuidado pasa también por mantenernos activos mentalmente, por cuidar de nuestro intelecto, por mantener en forma nuestra memoria, que es clave para poder seguir disfrutando de la vida.
 
En los últimos años, ha proliferado la realización de talleres de memoria, que con una periodicidad prefijada, nos ayudan a activarnos cognitivamente guiados siempre por un profesional. Hemos conversado con la psicóloga y especialista en desarrollo y crecimiento personal Laura Vera, autora del libro ¿A qué he venido yo aquí? (editado por Desclée De Brouwer), para conocer cuándo se ha de acudir a un taller de memoria, cómo nos ayuda a mantenernos activos intelectualmente y de qué modo consigue mejorar nuestra calidad de vida.
 
Cuando se es consciente de que los despistes que se consideran más o menos cotidianos se incrementan, es el momento de acudir a un taller de memoria. Despistes como “que nos cuesta más fijar la atención, que perdemos en agilidad mental... pero también podemos acudir a estas clases simplemente para mantener en forma nuestro cerebro, interaccionar con otras personas o pasar un rato entretenido y ameno”, señala Vera.
 
El perfil de las personas que acuden hoy a un taller de memoria, según la psicóloga, responde a personas de entre 65 y 70 años, “en la que empiezan a detectarse los signos de deterioro en la memoria. Se trata de personas sanas en general sin presencia de una pérdida de memoria patológica cuyo objetivo es entrenar su mente”.

Aunque la experta también señala que a estos talleres pueden acudir personas que ya tienen un diagnóstico de alzhéimer en sus primeros estadios, ya que “el ejercicio mental es muy importante en la evolución de esta enfermedad”, o en casos de personas que han sufrido accidentes cerebrovasculares que han afectado a la memoria. En estos casos, “la rehabilitación cognitiva también es de vital importancia. Digamos que un taller de memoria puede adaptarse al perfil de personas que acudan a él, puede diseñarse incluso un taller de memoria específico para personas con pérdidas patológicas de memoria ya diagnosticadas”.
 
Estos talleres se pueden estructurar de diversas maneras, aunque, por lo general, Vera nos explica que suelen incluir ejercicios individuales y ejercicios a realizar en grupo, otros a realizar en voz alta por los participantes “para trabajar aspectos como la agilidad mental, e incluso ejercicios sencillos de relajación para aprender a controlar el estrés y la ansiedad” que son, como apunta la psicóloga, grandes enemigos de la memoria.
 
El papel de la atención y los recuerdos
Una memoria activa contribuye a mejorar la calidad de vida en general, y ayuda también a reforzar la autoestima, ya que, como apunta Vera, a veces podemos interpretar algunos fallos de memoria de forma negativa, utilizando un lenguaje negativo o peyorativo. Un lenguaje que lleva a juzgarse, a culparse y a decirse cosas como: “mi memoria es un desastre” o “soy torpe cuando tengo que recordar nombres”.
 
Esta manera de interpretar la realidad “ataca directamente a nuestra autoestima, merma la confianza en nosotros mismos y además provoca una respuesta de inactividad y resignación que en nada nos beneficia, puesto que si consideramos que nuestra memoria es un desastre, entonces pensaremos que no hay nada que podamos hacer por mejorarla”. Un error claro para la experta, puesto que afirma que es mucho lo que cada uno puede hacer a favor de su memoria, y recuerda que “si trabajamos para mejorar nuestra memoria, ganaremos en confianza”.
 
Comprender cómo se producen los recuerdos, cómo funciona la memoria ayuda, de forma eficaz, a conocer cómo se han de manejar los posibles fallos de memoria. “Si entendemos, por ejemplo, que existe una primera fase en la que se da el registro de la información y que aquí resulta crucial el factor atención, esto puede llevarnos a la autoobservación y podemos comprobar así si ponemos atención consciente cada vez que registramos información nueva”, explica la psicóloga. Con ese análisis considera que podríamos darnos cuenta de que, a veces, tendemos a la distracción. “Si comprendemos cómo funciona nuestra memoria es más sencillo corregir aquellas cosas que no hacemos bien”, concluye.
 
Por Juani Loro
 


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