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Jueves, 19 de Octubre 2017


Saltarse el desayuno duplica el riesgo de aterosclerosis



Desayunar poco o nada, menos del 5 % de las calorías diarias recomendadas, es decir, el equivalente a menos de 100 calorías para una dieta de 2.000 calorías por día, duplica el riesgo de lesiones ateroscleróticas independientemente de la presencia de los factores de riesgo tradicionales para la enfermedad cardiovascular, como el tabaco, el colesterol elevado, sedentarismo, etc.

Estos resultados del estudio "Progression and Early Detection of Atherosclerosis" (PESA), una investigación que lleva a cabo el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) en colaboración con el Banco Santander, no sólo confirman el importante papel del desayuno sobre la salud cardiovascular, sino que sugieren que saltarse el desayuno podría servir como marcador de hábitos alimenticios y de un estilo de vida poco saludables.

El PESA es un estudio prospectivo de cohortes en el que más de 4.000 individuos de edad intermedia son controlados a largo plazo gracias al empleo de las técnicas de imagen más innovadoras y cuya finalidad principal es caracterizar la prevalencia y la tasa de progresión de las lesiones ateroscleróticas latentes y estudiar su asociación con factores moleculares y ambientales, incluyendo los hábitos alimentarios, la actividad física, los biorritmos, las características psicosociales y la exposición a contaminantes ambientales.

A edades tempranas, las placas ateroscleróticas (acumulación de grasas en las paredes de las arterias dentro del proceso llamado aterosclerosis) ya empiezan a desarrollarse, aunque no haya síntomas (aterosclerosis subclínica).

Se sabe que el desayuno tiene un impacto significativo en la salud cardiovascular. Ahora, los datos obtenidos del PESA, proyecto liderado por el doctor Valentín Fuster, director general del CNIC, y que ha evaluado tres patrones de desayuno en relación con la presencia de placas ateroscleróticas en individuos asintomáticos, sugieren que saltarse el desayuno es un marcador de un comportamiento alimenticio global poco saludable que está asociado con una mayor prevalencia de aterosclerosis generalizada

El objetivo de este estudio ha sido caracterizar la asociación entre diferentes patrones de desayuno y los factores de riesgo cardiovasculares, y, en particular, si saltarse el desayuno normal se asocia con aterosclerosis subclínica. Para ello, se analizó la presencia de placas ateroscleróticas en diferentes regiones: arterias carótidas y femorales, aorta y coronarias, en una población sin antecedentes de enfermedad cardiovascular.

En este trabajo, el 20 % de los participantes tomaba un desayuno con alto valor energético (> 20 % de las calorías diarias), el 70 % un desayuno de bajo valor energético (entre 5 y 20 % de las calorías diarias) y un 3 % desayunaba muy poco o nada (< 5 % de las calorías diarias) y apenas invertía cinco minutos en su desayuno, bebiendo sólo café o zumo de naranja o incluso omitía el desayuno. Además, este último grupo se caracterizaba por seguir una dieta menos saludable y mayor prevalencia de factores de riesgo cardiovascular.

Gracias a los estudios con tecnología de ultrasonido (ecografía) vascular, los investigadores han observado una presencia más elevada, de hasta 1,5 veces, en el número de placas ateroscleróticas y una afectación en varias regiones de hasta 2,5 veces mayor en el grupo que se saltaba el desayuno comparado con el que tomaba un desayuno más energético, independientemente de la presencia de factores de riesgo cardiovascular y hábitos de vida poco saludables.

Hasta la fecha algunos estudios poblacionales han demostrado que desayunar bien está relacionado con menor peso, una dieta más saludable y un menor riesgo de desarrollar factores de riesgo cardiovascular como colesterol elevado, hipertensión o diabetes. 

Asimismo, se sabe que ciertos factores asociados con el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares como diabetes, obesidad, hipertensión y dislipidemia son modificables mediante cambios en el estilo de vida. Por ello, la dieta, incluyendo tanto la calidad nutricional como los patrones de alimentación adquiridos, constituye un objetivo principal de las estrategias de prevención de enfermedades cardiovasculares.

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