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Martes, 21 de Julio 2015


Recupera tu autoestima y supera los celos



Ansiedad, intranquilidad, estrés o desgana son algunas de las sensaciones que experimentan las personas celosas. Esta emoción afecta de manera importante a la salud de aquellos que los sufren, pero tampoco es plato de buen gusto para las personas objeto de los celos. De ahí, que sea tan importante aprender a gestionarlos si verdaderamente se aspira a tener una relación sana y duradera con la pareja. Y es que, aunque los celos pueden estar focalizados en los amigos, hijos, hermanos, compañeros de trabajo o en cualquier persona por la que se sienta afecto; es en la pareja donde alcanza su máxima expresión. 

Aunque no tienen muy buena prensa, y a todos nos costaría reconocer que los hemos sentido, los celos han sido siempre un tema recurrente en literatura, cine, música, pintura o cualquier otro tipo de expresión artística, lo que demuestra que es una emoción universal que posiblemente la mayoría experimentemos a lo largo de nuestra vida. Ahora bien, no es lo mismo que se trate de una emoción efímera o puntual ante circunstancias muy concretas, que permanente en el tiempo y por cualquier motivo. Estos últimos son los celos patológicos y la persona celosa patológica siempre va a encontrar razones para tener celos, aunque no las haya. La raíz del problema se encuentra en la falta de autoestima y autoconfianza y comienzan a una edad temprana. Así lo explica la especialista en inteligencia emocional, formadora, consultora y autora del libro Una vida inteligente, Susana Cabrero: “Los celos están estrechamente relacionados con un determinado estado emocional que se crea y desarrolla desde nuestra infancia, en nuestra relación con los demás”. 

Y es que, a pesar de ser algo que nos puede suceder a casi todos, los celos no son intrínsecos al ser humano. Tal y como asegura Cabrero: “Salvo las emociones básicas como el miedo, asco, ira y placer, que podemos considerarlas innatas, el resto de emociones las adquirimos en nuestra relación con nuestros semejantes. Por lo que, según el ambiente en el que crezcamos, cultivaremos unas emociones u otras, modelando así nuestra personalidad”. 

Ser testigos de relaciones desestructuradas o haber tenido padres o cuidadores muy exigentes, que han valorado poco nuestras virtudes y nos han criticado en exceso, provocan una pérdida de confianza, que, entre otros aspectos, puede predisponer para ser celoso. Cabrero indica que vivir en un ambiente familiar donde se oyen comentarios o se ven comportamientos causados por los celos y que el niño se nutra de este tipo de comportamientos en su entorno educativo y sociocultural, sin que nadie le explique por qué surgen estos estados emocionales y cómo se gestionan, podría impactar e influir en su personalidad y, por tanto, podría albergar celos. No obstante, matiza que, aunque la mayor parte de estos niños pueden ser víctima de dicha influencia, los celos no tienen por qué formar parte de la personalidad.

Por Carmen Moreno


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