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Viernes, 23 de Julio 2010


No te fíes de la sed


Según expertos médicos, con la edad aumenta considerablemente el riesgo de deshidratación porque las personas sienten menos sed y no toman la cantidad de líquidos recomendables. Para evitar esta situación, que puede afectar a la salud y al buen funcionamiento del organismo, se debe seguir el consejo de los especialistas.


No te fíes de la sed
El agua es un elemento clave para que nuestro cuerpo funcione correctamente, por eso, la hidratación constituye uno de los aspectos esenciales de la nutrición. Pero, a pesar de su importancia, en la práctica, los índices de hidratación están muy por debajo de lo adecuado en un alto porcentaje de la población.

Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS), como los especialistas en nutrición recomiendan una ingesta de agua de entre dos y tres litros diarios dependiendo de la edad, peso y sexo; ya que ésta es la cantidad de líquido que normalmente perdemos al día y que necesitamos reponer. Este requerimiento es mayor en verano como consecuencia de las altas temperaturas y la pérdida de líquidos que se produce. En esta época del año, donde el sol aprieta y se suda más, se puede llegar a tomar hasta tres litros de líquidos. De este modo, se evita la deshidratación, especialmente en grupos tan susceptibles de padecerla como los niños o los mayores.

Más cuidado en los mayores
Recientemente, la Sociedad Española de Medicina Geriátrica (SEMEG) ponía de manifiesto que la deshidratación es uno de los trastornos más frecuentes en las personas mayores, y que en los meses de verano este problema se agudiza, estimándose que puede ocasionar una de cada cinco visitas o ingresos en el hospital. El doctor Juan Florencio Macías, presidente de SEMEG, apunta las razones por las que esta complicación es más habitual en la población mayor: "No existen los mismos signos de alarma que indican un proceso de deshidratación en el mayor respecto al joven, motivo por el que ésta pasa desapercibida hasta que ya es grave y se manifiesta con la aparición de un cuadro que puede exigir ingreso hospitalario.

Según los expertos, los jóvenes están protegidos frente a la deshidratación por la sensación de sed que experimentan pues ésta actúa como una especie de alarma que indica que se debe beber. Además, en estas edades, el riñón tiende a ahorrar agua; sin embargo, en los mayores, esta señal aparece de forma más tardía y el riñón es menos eficiente. Es por esto que casi la mayoría de las personas mayores y, especialmente, los frágiles se encuentran en riesgo de desarrollar una deshidratación. Para prevenirla la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) apunta que la clave se encuentra en no esperar a tener sed para beber porque cuando esta sensación aparece ya existe un cierto grado de deshidratación.


                                                                                                                                                              


Alimentos que te ayudan

Los especialistas aseguran que los alimentos sólidos pueden complementar una buena hidratación. Los más aconsejables son las frutas y verduras, especialmente, aquellas con alto contenido en agua como la lechuga, el melón, la sandía, el pepino, la calabaza, el tomate, la fresa, el pomelo, la uva, la naranja...Igual de importante que elegir este tipo de alimentos es evitar comidas copiosas y, en el caso de tomarlas, se debe recordar que requieren un aporte suplementario de bebida.

                                                                                                                                                              



No te fíes de la sed
¿Cómo debo hidratarme?
Conseguir una correcta hidratación es imprescindible para la salud. La ingesta de líquidos regula la temperatura corporal, favorece el transporte de nutrientes, contribuye a la digestión, a la eliminación de toxinas y preserva el buen estado de las articulaciones, de las mucosas y de la piel. En definitiva, procura que nuestro cuerpo funcione adecuadamente.

Pero es un acto tan básico que a veces olvidamos su relevancia, poniendo en riesgo nuestra vitalidad. Los síntomas inmediatos de deshidratación son la sed, dolor de cabeza, mareos, aceleración del ritmo cardíaco, apatía, vómitos, debilidad y calambres musculares. Para impedir que esto ocurra es recomendable que las personas mayores beban seis u ocho vasos de agua al día, incluso, alguno más si las condiciones climáticas lo requieren.

Un plus de sabor
El agua es la bebida esencial: ayuda al organismo a eliminar desechos, sin aportar calorías, por eso es ideal para mantener unos hábitos de vida saludables, además, aporta importantes minerales como calcio, magnesio, flúor... Pero no es la única opción, también existen otras alternativas como infusiones, zumos, lácteos, sopas frías (gazpacho, ajoblanco, salmorejo...) o refrescos, que pueden favorecer un equilibrio hídrico apropiado.

Son muchos los estudios que constatan que la diversidad de bebidas contribuye a una hidratación saludable porque no es necesario sentir sed para tomarlos. Simplemente. pueden ser apetecibles en cualquier momento del día, ya sea para acompañar una comida o para consumirlos entre horas.

Además, utilizadas correctamente, este tipo de bebidas que contienen una cantidad determinada de azúcares y de sales minerales pueden ser una importante ayuda para mejorar la rehidratación, prevenir la deshidratación o solucionar los procesos leves de deshidratación.


                                                                                                                                                                


Consejos prácticos

• La ingesta de líquidos debe ser gradual a lo largo del día. Se debe tomar un vaso de agua en cada una de las comidas principales (desayuno, comida, merienda y cena) para favorecer la ingestión de los alimentos sólidos y, al menos, otros cuatro repartidos en el resto de la jornada.
• Tome uno o dos vasos de agua al levantarse, de este modo, evitará el estreñimiento.
• Lleve a mano una botella de agua u otra bebida que le recuerde la necesidad de beber, especialmente si se encuentra fuera de casa.
• No es aconsejable que el líquido esté excesivamente frío. La temperatura óptima es de 11 a 14º C.
• Evite el consumo de alcoho: tiene efecto diurético y favorece la deshidratación.

                                                                                                                                                                



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