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Viernes, 10 de Abril 2015


Los pacientes con párkinson tardan una media de entre 1 y 5 años en obtener un diagnóstico



Este sábado, 11 de abril, se conmemora el Día Mundial del Párkinson, una enfermedad neurodegenerativa y crónica cuya manifestación clínica más común es la dificultad para el inicio y realización de movimientos voluntarios. Cada año se diagnostican en España unos 10.000 nuevos casos de esta enfermedad que, actualmente, y según estimaciones de la Sociedad Española de Neurología (SEN), la padecen entre 120.000 y 150.000 personas.
 
El aumento de la incidencia de esta enfermedad está ligado a la edad: el mayor número de casos se diagnostican cuando los pacientes tienen entre 60 y 70 años y un 2 % de los mayores de 65 años padecen párkinson en España. Sin embargo, no es una enfermedad exclusiva de las personas mayores: el 15 % de los pacientes no superan los 45 años y se dan casos en los que la enfermedad se inicia en la infancia o en la adolescencia, es la forma conocida como párkinson juvenil.
 
“Uno de los aspectos a mejorar es el diagnóstico temprano del párkinson. Los últimos estudios publicados al respecto indican que en España se tarda una media de uno a cinco años desde que aparece el primer síntoma hasta que se obtiene el diagnóstico y que casi un 20 % tiene que esperar más de cinco años. Además, se ha estimado que un 25 % de los pacientes clínicamente diagnosticados en vida tienen en realidad otra enfermedad neuropatológica”, señala el doctor José Matías Arbelo González, coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos de Movimiento de la Sociedad Española de Neurología. “El problema es que no disponemos de marcadores biológicos que confirmen la sospecha clínica y aunque las técnicas de neuroimagen funcional pueden servir de apoyo, a veces es complicado diferenciar la enfermedad de Parkinson de otras patologías que cursan con trastornos del movimiento o temblor”.
 
El inicio y la progresión de la enfermedad de Parkinson son graduales. Puede comenzar con una disminución de la destreza -sobre todo para realizar movimientos precisos como la escritura- o torpeza al caminar. Sin embargo, la forma más frecuente de presentación de la enfermedad es con el temblor de una extremidad en reposo. Conforme la enfermedad progresa, estos síntomas se hacen generalizados y los pacientes cada vez tienen más dificultad para realizar movimientos -alrededor del 40 % de los pacientes presenta complicaciones motoras al cabo de cinco años, un porcentaje que va aumentando en los años siguientes- y pueden aparecer distintos síntomas no motores que pueden producir una gran incapacidad funcional.
 
“Cuando el primer síntoma de la enfermedad es el temblor, no suelen producirse retrasos en el diagnóstico, pero cuando el primer síntoma es la depresión, la rigidez… la situación cambia porque suele achacarse a otras causas”, explica el doctor José Matías Arbelo.
 
En la actualidad, se dispone de un número considerable de fármacos que consiguen mejorar los síntomas de la enfermedad y, por lo tanto, mejorar la calidad de vida de los pacientes durante varios años. Cuando las terapias farmacológicas convencionales dejan de ser efectivas, existen otras opciones de tratamiento como el implante de electrodos en el cerebro mediante cirugía o los sistemas de infusión continua de levodopa o apomorfina. 
 
“Realizar rehabilitación, ejercicio físico o practicar taichí, que ha demostrado ser una de las mejores actividades para mejorar síntomas como el trastorno del equilibrio o de la postura, son aconsejables. En todo caso, es necesario consultar siempre antes al neurólogo y que estas actividades sean realizadas junto con profesionales acreditados”, comenta el doctor José Matías Arbelo.
 

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