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Miércoles, 6 de Junio 2012


Leopoldo Abadía: "El principal negocio que tenemos es la familia"


La claridad con la que explica el funcionamiento de la economía es directamente proporcional al entusiasmo que muestra en cada una de las muchas actividades que desarrolla. Apariciones televisivas, conferencias y libros copan diez horas diarias de trabajo que, a sus 78 años, imprimen un modo especial de mirar la vida, llenándola de la ilusión necesaria para darle un sentido pleno. Este doctor en ingeniería industrial se muestra satisfecho y feliz de poder hacer un trabajo que le divierte enormemente. Como la publicación de su último libro Cómo funciona la economía para Dummis (Planeta), que se ha convertido, al igual que sus obras anteriores, en un referente para aquellos que necesitan entender la situación económica que vivimos.


Leopoldo Abadía: "El principal negocio que tenemos es la familia"
Asegura que la economía nacional e internacional funciona igual que la doméstica. ¿Por qué entonces resulta tan complicado para el Estado dar solución a la crisis económica?
Si tu familia tiene 100 euros y gasta 200, habrá problemas seguro. Si esto ocurre a nivel de Estado, éste subirá los impuestos y reducirá los gastos para alcanzar una cuenta de resultados saneada. Si con los ajustes, necesitas más dinero, recurrirás a un banco a pedir dinero prestado. Te dará un crédito que, si eres una persona de fiar, deberás devolver a un interés distinto que si no eres de fiar para la entidad.

¿Qué es la “famosa” prima de riesgo?
La diferencia entre lo que el banco te cobra a ti, que eres de fiar, y lo que me cobra a mí, que no soy fiable, es la prima de riesgo. En estos momentos, España está en el segundo grupo y Alemania parece la más fiable, por eso a ellos el dinero les cuesta menos.

En Cómo funciona la economía par Dummis insiste mucho en la importancia de tener criterio para poder entender la crisis. ¿Por qué?
Es vital tener criterio y no creer cualquier cosa porque lo diga fulano o mengano. Lo importante es lo que yo crea después de pensar. A veces tendemos a creer lo que dice alguien con cierta imagen pública, aunque no lo entendamos. Así que, si con este libro, y con otros mucho mejores que hay por ahí, consiguiéramos tener criterio sería estupendo. Una España con 47 millones de personas con criterio es mucho más rica que una nación con 47 de millones de “tontines” que se lo creen todo.

Pero ese criterio del que habla, nos lleva a pensar que todos tenemos cierta responsabilidad en la salida de esta situación.
Por supuesto. Al fin y al cabo todo parte de un problema individual nuestro. Aunque bien es cierto que, si el Gobierno de la Nación y el de las comunidades autónomas son serios la solución estará más cerca. Es decir, la situación exige que todos seamos serios porque de esta saldremos las personas individuales. Por tanto, que los que gobiernan, al menos, no molesten.

Cuando uno tiene 78 años como es su caso, y ha superado otras situaciones complicadas en la historia reciente, ¿se ve más cerca la salida del túnel?
De esta saldremos seguro. Y saldremos por dos razones: una porque siempre se sale de todo y, en segundo lugar, porque creo que es el momento de los sensatos, de la gente normal. Hay muchas personas que, en estas circunstancias tan duras, están mostrando optimismo, y eso es importante. No se trata de decir que no pasa nada. ¡Claro que pasa! El optimismo consiste en no estar hablando todo el día de la crisis, sino en creer que se puede salir adelante como sea de esta crisis que es terrible. Hay que decirle a la gente que no hay que esperar a que todo se solucione. Todos hemos de poner de nuestra parte.

Leopoldo Abadía: "El principal negocio que tenemos es la familia"
A su juicio, ¿cuál es la reforma principal que debe ejecutarse?
La reforma elemental no es la laboral, sino la financiera. Los bancos lo han hecho muy mal. Hay que conseguir que el crédito fluya con normalidad para la gente de a pie, para las pequeñas empresas que lo necesitan, para quienes presenten planes de negocios normales. El día que eso se consiga estaremos mucho más cerca de salir de la crisis.

Otra de las claves que menciona es la decencia. ¿Cómo encaja esta palabra en el entramado económico?
Lo menos importante de esta crisis es su aspecto económico. Lo realmente importante es la falta de vergüenza a la que hemos asistido. Y digo esto porque llevamos muchos años jugando al todo vale. Yo te hago una trampa a ti, tú me haces otra a mí y el que sea más avispado gana la partida. Ha habido mucho sinvergüenza y lo sigue habiendo. Si hay políticos sinvergüenzas y financieros sinvergüenzas, la gente normal empieza a pensar que lo que hay que hacer es ser... sinvergüenza. Por eso, creo que esta crisis es larga y difícil de arreglar. Las crisis técnicas se arreglan con soluciones técnicas, pero cuando todo vale, todo se complica.

Más trabajo a los 75

Hace unos años un diccionario con anotaciones personales viaja a través de la Red y se convierte en un éxito editorial, bajo el nombre La crisis Ninja. ¿Imaginó que podría convertirse en todo un reclamo?
(Sonríe) No, no lo pensé nunca. Yo hacía un diccionario, para mí, de términos que no entendía. Un día, intenté explicar la palabra crisis. La explicación fue un poco extensa y la puse como anexo, sin firmar. Mi fallo, del que estoy contentísimo; fue mandárselo a un amigo mío. Éste me dijo que se lo había enviado a dos amigos suyos y, al cabo de 15 días, el documento llegó a mi despacho con una nota de alguien que no conocíamos, diciendo que era algo que seguramente nos iba a interesar. La nota decía que el texto no estaba firmado pero que, por el estilo, debía pertenecer a un joven estudiante universitario. Fue algo que se me escapó de las manos, pero estoy contentísimo.

Ese joven universitario, es decir usted, escribía cosas que a muchos expertos les ha parecido “la mejor explicación de la crisis económica”.
Eso es lo que más me sorprende. Cuando escucho esa afirmación, pienso en lo mal que deben estar las cosas para que mi explicación sea la mejor.

Una vida completa

78 años, 12 hijos y cuarenta y tantos nietos...
Estamos esperando al nieto número 44.
Una vida larga y fructífera. ¿Cómo se compagina familia y profesión sin que se resientan ninguna de las dos partes?

La profesional no se ha resentido. De hecho, a mi edad sigo disfrutando del trabajo. Y la familia creo que va bien. Los hijos nos quieren y se quieren entre ellos. Estamos continuamente intercambiando whatsapp y correos. Hay un contacto permanente. Lo importante es tener presente siempre que el principal negocio que tenemos es la familia. Todo este asunto mío, los libros, la fama... se acaba en una tarde, cualquier día, pero la familia no, afortunadamente. Estoy disfrutando de todo y ellos también. Te cuento una pequeña anécdota. Uno de mis hijos cada vez que llama a casa, le dice a mi mujer: por favor, que se ponga el gurú. Y nos reímos un rato. Lo importante es darle a todo la importancia que tiene y no más.

¿Cómo se plantea su futuro?
¿Yo? Muy corto... (y ríe).

Con la actividad que está demostrando, seguro que tiene en mente muchas cosas que hacer.
Me quedan por hacer miles de cosas. Si vieras mi mesa de despacho te darías cuenta de que sólo en ordenarla, invertiría una temporada larga. Ahora en serio, si me siguen llamando para dar conferencias, seguiré dándolas, claro. Además, tengo ya encargado un libro que tengo que entregar el 30 de julio y llevo escritas dos páginas. Este es mi futuro a corto plazo. Mientras siga teniendo la cabeza clara y la gente me aguante, seguiré al pie del cañón. Si esto dura mucho tiempo, pues bendito sea Dios. Y si no dura mucho tiempo, pues bendito sea Dios, también.

Con dos páginas escritas, ¿puede avanzarnos las claves del contenido?
Puedo decirte la idea con esas dos páginas, pero puede cambiar mañana y no es que te engañe. Estoy empezando a explicarme, a mí mismo, todo lo que pasa en el mundo. Pero puede ocurrirme que en la página diez me dé cuenta de que no es tan claro como a priori me parece y no sepa cómo seguir.

¿Cuál es el secreto, entonces, para mantener esa actividad y esas ganas de hacer cosas?
Me estoy divirtiendo muchísimo. A los 75 años me llegó un trabajo profesional que no hubiera imaginado nunca. Un trabajo que me ocupa diez horas diarias. Me divierto porque mi trabajo es muy variado y me da la oportunidad de conocer a mucha gente muy interesante que nunca hubiera imaginado que podría conocer.

¿No le cansa este ritmo de conferencias y apariciones televisivas?
¡Qué va! Me encanta ir a la tele. Allí me tratan estupendamente, me maquillan, me ponen guapo, saludas a la gente y puedes tomar un café con ellos.
Muchas personas de su generación no muestran ese entusiasmo por la vida.
La persona que demuestra falta de ilusión me da mucha pena, ya tenga 70 años o 40. Siempre debemos tener algo que hacer, a cualquier edad. Te pongo el ejemplo de mi mujer. Ella se pasa el tiempo trabajando en el ordenador, chatea con sus hermanas o me dice después de cenar: te dejo que voy a hacer la compra. Y se sienta en el ordenador. No es una jovenzuela pero tiene ilusión, que es lo que importa y lo que te mantiene la cabeza clara. Una persona sin ilusiones se morirá de viejo a los 30.

   Todo fue casualidad   

Es doctor en ingeniería industrial, no economista, como bien aclara siempre que tiene ocasión. Hace poco más de seis años, cuando ya estaba jubilado como profesor del IESE (la Escuela de Negocios de la Universidad de Navarra), decidió elaborar un diccionario personal para entender lo que leía en la prensa. Un amigo suyo lo llamó Diccionario dinámico de vocablos (DDV), porque Abadía añadía comentarios personales a las definiciones para poder comprender los términos en cuestión. En esos momentos, estalla la crisis económica y decide redactar un pequeño informe –también para comprenderlo personalmente- que llamó La crisis Ninja. Este fue el comienzo, porque Internet hizo el resto: lo convirtió en un éxito editorial en 2009 con este primer libro, ya que los lectores acudieron a él por la sencillez y la lógica de sus explicaciones. Después vendrían La hora de los sensatos, Qué hace una persona como tú en una crisis como esta, y 36 cosas que hay que hacer para que una familia funcione bien.

Nota



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