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Miércoles, 9 de Mayo 2012


La necesaria honradez y honestidad



La necesaria honradez y honestidad
“La honra es el trono de la rectitud”
(Baltasar Gracián)

Decía Demócrates que “todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa”. Decimos de alguien que es honrado o que es honesto, cuando obra con rectitud de ánimo. Su manera de ser, íntegra y coherente en pensamientos y en obras, nos habla de buena voluntad, de autenticidad y de integridad moral.

El término honradez lo empleamos más para hablar de la integridad de las personas. Así, en los tiempos que corren, en los que con todo descaro determinadas personas dedicadas a la política han despilfarrado a raudales, se han enriquecido y durante años han vivido para servirse de su país en lugar de para servir a su país; la desvergüenza y falta de honradez han sido la tónica, el ejemplo de lo que no debe ser.

La palabra honestidad la empleamos, sin embargo, para definir la virtud, el valor y la rectitud en el obrar de las buenas personas que, precisamente porque son honestas, se comportan con honradez.

Las cualidades y valores de las personas honradas y honestas que, por suerte, también las hay en abundancia, son:

• Rectitud de intención, es decir, guiarse por la propia conciencia, por criterios rectos enraizados en la bondad y en el deseo de ser justo y hacer el bien sin perjudicar a nadie.
• Conciencia moral, ética personal, que se inclina por la práctica de unos valores que propician el crecimiento interior y potencian lo mejor del ser humano.
• Vivir conforme a la estima de la dignidad personal de ser y de sentirse una buena persona, lo que se suele llamar, simple y llanamente, una persona decente, virtuosa.
• Delicadeza y seriedad en la defensa de lo que es justo, huyendo del egoísmo y de cualquier conducta indecente que le reporte aprovecharse del cargo o puesto que ocupa en su propio beneficio y en contra de los intereses de los demás.
• Autenticidad y verdad frente a mentiras, chanchullos y engaños. La doblez, las trampas, la insensibilidad frente a las carencias de los demás, su dolor y sus desgracias, y hacer el mal de forma consciente y con toda la cara, es el modus operandi de las personas deshonestas y sin un ápice de honradez y decencia.
• Firme e incondicional propósito de hacer el bien allá por donde va y la imposibilidad de obrar el mal. Es contrario a su naturaleza comportarse de forma injusta: la honradez está siempre al lado de la bondad.

Nota



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