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Jueves, 9 de Abril 2015


José Luis Gil: "Mi abuelo dejó en mí emociones y recuerdos maravillosos"


A los 11 años comenzó en este mundo de la interpretación y hoy, a sus 57 años, mantiene la pasión ante cada función y el nerviosismo implícito a la responsabilidad profesional del último estreno. Más de 25 años en el doblaje, televisión, teatro y algún cortometraje dirigido e interpretado por él (como Entre cartones), convierten a José Luis Gil en uno de los genios imprescindibles de la escena. Se muestra como un hombre cercano que hace gala de una sencillez involuntaria, a pesar del éxito que le han reportado sus papeles en algunas de las series de televisión con mayores índices de audiencias en los últimos años. A través de nuestra conversación con él descubrimos a un hombre sencillo, que habla con normalidad de su profesión y de su familia, reconociendo que su abuelo fue “un ser entrañable al que recuerdo con absoluta nitidez”.


El día 10 de abril se estrena, en el teatro Cofidís Alcázar de Madrid, la obra Si la cosa funciona, la versión teatral de la comedia que estrenara en 2009 Woody Allen, que dirige Alberto Castrillo. Como adaptación al teatro, ¿qué gana y qué pierde la obra?
Como adaptación siempre encontraremos cosas a favor y en contra, pero la esencia de la película está perfectamente recogida en esta obra. El teatro nos ofrece la cercanía, la empatía con el público, y los personajes mantienen aquello que escribió Woody Allen en su día. A mí me gusta más la versión teatral, cuando está muy conseguida, porque, como ocurre con esta, no cuenta grandes historias pero sí muestra grandes personajes. 

Su personaje es el protagonista, Boris, el alter ego de Allen. Un personaje muy peculiar, un físico retirado que estuvo a punto de ganar el premio Nobel que conoce a una joven sureña con la que entabla una relación. ¿Qué es lo más complicado a la hora de interpretarlo?
El personaje de Boris es muy Woody Allen, pero no es él. De hecho, en el cine lo interpretó Larry Davis. Yo intento olvidarme de Woody Allen, de Larry Davis, tenerlos como referencia pero ver el personaje a través de otro actor que se llama José Luis Gil. Desde el momento en el que vi la película me interesó mucho todo lo que dice Boris. Todo ese descreimiento va mucho conmigo. Cada vez que abre la boca dice algo que puede ser más o menos agradable para los demás, siempre en clave de humor y de comedia, y mi función es hacerlo creíble y que el público vea sus carencias como ser humano que es. 

¿Contradicciones tratadas en clave de comedia? 
Sí. Es un profesor de física quántica, un intelectual que llegó a ser candidato al Nobel de Física. Es un hombre muy preparado que cae en la presuntuosidad de creerse un ser superior, porque los demás se dedican  a vivir sin más, sin profundizar. Esto le aleja mucho de la gente. Hay personas que sustentan sus convicciones en la fe en Dios, en la especie humana y él no cree en eso. Es un descreído que lo pasa mal porque le angustia que la vida sea lo que es para él: un camino corto, breve y que no lleva a ninguna parte. Sus convicciones hacen que sea víctima de sus propias angustias. Su gran teoría es que si la cosa funciona, sea lo que sea lo que estés haciendo, hazlo porque es lo que te vas a llevar. Esto que parece muy profundo, Allen lo mete en un cuento y nos lo hace muy divertido, pudiendo llegar a ser una parodia de sí mismo. 

¿Qué tiene que ver Boris con José Luis Gil?
Poco, en la realidad. Aun participando mucho de lo que dice, de sus creencias, no me he visto nunca como una persona aislada del mundo. Es cierto que no soy muy sociable, no busco los eventos sociales porque me aburren soberanamente, porque me parecen sitios ficticios, donde todo es muy relativo. Porque el éxito es muy relativo, también. Yo disfruto más de un buen momento, solo, escuchando música, que de cualquier evento. Visto así, parece que uno también tiende a esconderse, porque se encuentra mejor escondido que exhibido. 

Eso no casa muy bien con el éxito y el reconocimiento que está teniendo en los últimos años. 
Ese éxito forma parte de mi trabajo. Es algo que puede no surgir nunca, como de hecho le pasa a parte de mis compañeros que viven de su trabajo, son profesionales considerados pero no tienen que convivir con una popularidad excesiva. Cuando surge hay que asumirlo cuanto antes como parte de tu trabajo y seguir hacia adelante. No puede uno quejarse de haber hecho un buen trabajo, que además te da de comer, porque te puedes crear un problema a ti mismo. Una cosa va con la otra.

Por Juani Loro


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