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Miércoles, 9 de Noviembre 2011


Guillermo Summers: “A este país le falta un poco de sentido del humor y le sobra chiste”



En 2010, España fue el segundo país con mayor crecimiento en número de patentes después de China. Pero ¿quién se esconde detrás de invenciones tan cotidianas y útiles como el papel higiénico o el bolígrafo? ¿Quién y cómo se inventó el abrelatas o la lavadora? El veterano Guillermo Summers y su hijo nos descubren en clave de humor, en el libro 50 inventos y la mente que los parió, la historia de estos y otros objetos que nos hacen la vida más fácil. Un trabajo “ilustrativo e ilustrado”, cuyo objetivo es entretener y que pasemos un rato divertido leyendo. Porque hay inventos que no tienen precio, y otros que aún se desconocen. “¡Quién sería el inventor de la tortilla de patatas!”, se pregunta Summers.

Guillermo Summers: “A este país le falta un poco de sentido del humor y le sobra chiste”
¿Qué mente de las dos parió este libro?
Mi hijo Guillermo y yo llevamos ya varios años trabajando juntos y cada vez que nos encontramos, además de aprovechar para ver a mis nietas, a las que adoro, charlamos sobre proyectos que podríamos hacer en común. Uno y otro lanzamos ideas. En esta ocasión, tanto los textos como los dibujos los hemos hecho "a pachas". Se trata de un libro ilustrativo e ilustrado, aunque nosotros no seamos lo último.

¿Cómo es trabajar con su hijo?
Mi hijo estudió Bellas Artes, pero además escribe muy bien, es músico y es un excelente compositor, y me apoyo mucho en él. Antes yo le saqué adelante y ahora le toca a él echar una mano a su papá. Estamos muy compenetrados: él hace toda la parte que a mí me resulta más hostil, como es el ordenador, porque mis dibujos los hago utilizando medios convencionales.

¿Por qué un libro sobre inventos?
Se nos ocurrió viendo y hablando de los objetos que utilizamos en nuestro día a día. Por ejemplo, quién no ha llegado a casa cansado y ha pensado: "¿Quién inventaría la cama?". Nos dimos cuenta entonces de que el humor podría ser una buena vía para dar a conocer algunas curiosidades sobre ciertos inventos y la mente que los parió; por ejemplo, el bikini o las tijeras. Hay muchas cosas de la vida cotidiana que nadie sabe cómo se han inventado ni quién y también existen muchos libros más doctos sobre el tema, pero muy serios. Nosotros quisimos hacer algo más atractivo para entretener al lector y que visualmente fuese más apetecible.

¿Qué pautas han seguido para seleccionar estos 50 inventos y no otros?
Hemos hecho una mezcla entre objetos cotidianos, otros menos conocidos y los que eran más proclives a contar cosas graciosas sobre ellos. ¡El del desodorante tiene su gracia!

De todos ellos, ¿cuál le ha llamado más la atención?
La electricidad, por la forma en que Benjamin Franklin la descubrió, jugando con una cometa.

¿Cuál le hubiera gustado patentar?
El clip a lo mejor. Una cosa tan tonta y tan popular, tan pequeña y tan insignificante, que fue por lo que lo pusimos, pero que resuelve un montón de historias. El clip sirve de horquilla, de desatascador e, incluso, para hacer un robo en el Banco de España.

¿Sin cuál ya no podría vivir?
El zapato, por ejemplo, creo que es uno de los inventos más útiles, porque yo solamente sé andar descalzo en la playa. Y es que hay inventos a los que no damos importancia y quien concibió el zapato inventó una cosa muy seria, porque andar sin ellos es muy incómodo. Y, al contrario, podría vivir sin móvil y sin ordenador.

¿Se puede descubrir algo por casualidad?
Sí, hay muchos inventos que se descubren por casualidad, pero también porque el inventor está detrás de ello. Cualquiera puede idear algo, como la ventana oscilobatiente. De repente, un día, alguien que vive en una casa pequeña y que tiene una ventana muy grande que ocupa la mitad de la habitación piensa en que tendría que haber otro sistema de apertura para ventanas, y no tiene por qué ser un ingeniero ni un diseñador, sino alguien a quien se le presenta un problema. Hay inventos sencillos como la fregona, creada por el español Manuel Jalón Corominas.

¿Qué le gustaría que alguien inventase?
Un mando a distancia que solamente sintonizara programas de televisión inteligentes. Yo, que he trabajado en televisión durante muchos años, creía que ahora iba a ser el boom de la creatividad; sin embargo, lo que veo es que quizá hay mucha televisión de baja calidad.

¿La televisión ha evolucionado a peor?
La única evolución a mejor es que hay mucha más oferta. Lógicamente, poner uno u otro canal de televisión es un acto voluntario y para eso está el mando a distancia, para que hagas buen uso de él. Pero muchas veces, por morbo o no sé muy bien por qué, nos enganchamos a programas que cuando llevas una hora viéndolos piensas: "Hubiera estado mejor leyendo, pintando o haciendo otra cosa". Echo de menos más calidad en toda la oferta que hay.

Guillermo Summers: “A este país le falta un poco de sentido del humor y le sobra chiste”
¿Y le gustaría volver?
No, porque no sabría hacer la televisión que se hace ahora, pero entiendo que es la que se debe hacer. Ignacio Salas y yo hicimos una televisión que hoy día resultaría carísima, porque teníamos un equipo de diez o doce personas trabajando y para hacer una hora de televisión utilizábamos una semana entera realizando visionados, cortando, montando... Hemos llegado a hacer programas que tenían más de 1.000 cortes de edición; eso hoy no sería rentable. En la actualidad, pones cuatro señores en un debate y te rellenan una hora. En mi opinión, a la televisión le falta oferta de imagen y de creatividad y le sobra blablablá.

¿Es más difícil hacer reír en época de crisis?
Mi concepto del humor no coincide con lo que el resto de la gente piensa que es el humor, como contar un chiste. Es algo más parecido al humor francés o al de Woody Allen. El humor es como un ingrediente más que lo puedes utilizar en todo tipo de programas, incluso en los más serios. En mi caso, si no consigo que la gente se descojone de risa, pero sí sorprender con una frase o un juego de palabras, me doy por satisfecho.
 
¿Nos reímos pues lo suficiente?
De los demás, sí; de nosotros mismos, no. A este país le falta un poco de sentido del humor y le sobra chiste.
 
Como curiosidad, ¿es cierto que de pequeño quiso ser torero?
No exactamente. Nací en el barrio de San Bernardo en Sevilla, que también recibe el nombre de barrio de los toreros, por los numerosos matadores que aquí nacieron, y de pequeño mi padre nos llevaba a las corridas de toros, no porque fuéramos ni aficionados a la fiesta ni entendidos, sino porque me gustaba mucho la estética y la plástica del espectáculo. Precisamente ahora, que estoy de mudanza, he conseguido recuperar un abanico que le pinté a mi madre, con nueve o diez años, con temas taurinos. También hace tiempo hice una exposición de collages sobre la fiesta de los toros con latas recicladas, se llamaba Latauromaquia.
 
Ha dicho que podría vivir sin ordenador. ¿Por qué?
Le tengo cierta alergia a todo lo que tiene que ver con la técnica y ese tiempo prefiero utilizarlo en otras cosas, como dar paseos por la playa de diez o doce kilómetros y volver cargado de piedras que luego pinto según lo que tiene el relieve. Hago una actividad diferente a la que entendéis los modernos. No me apasiona el mundo del ordenador, pero no niego todas las posibilidades que tiene, y más para un creativo, pero soy más un hombre del Renacimiento.
 
¿Qué otras aficiones tiene?
Me gusta leer, nadar y me hubiera gustado ser mi hijo y hacer Bellas Artes. Yo no fui valiente y dejé la pintura para meterme, primero, en el diseño de decorados para programas de televisión, y de ahí luego fui degenerando hasta llegar a ser lo que soy.
 
¿Algún proyecto en mente?
Tenemos un proyecto, también "a pachas", con la misma editorial que nos apetece mucho, pero no me gusta hablar demasiado porque luego no sé por qué se trunca. Y también quiero hacer una exposición de esculturas el año que viene. De inmediato, lo que tengo es una mudanza, pero, desde luego, nada de televisión.

   50 INVENTOS Y LA MENTE QUE LOS PARIÓ 

No es la primera vez que Guillermo Summers (padre) y Guillermo Summers (hijo) trabajan juntos, ya lo hicieron en el libro La loca historia de España. En esta ocasión, en 50 inventos y la mente que los parió nos proponen una visión humorística muy particular sobre cómo se descubrieron algunos de los inventos que han revolucionado el mundo, entre ellos, el biquini, que no lo inventaron "una pareja de bañistas que se llamaban Vicky y Quini" y que lleva el nombre, atención, del lugar donde Estados Unidos hizo explosionar la primera bomba de plutonio. En definitiva, un libro gamberro y divertido, realizado a dos manos, que nos desvela quién fue primero, el sándwich o el tentempié.

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