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Sábado, 5 de Febrero 2011


¿Esperas que alguien te haga feliz?



¿Esperas que alguien te haga feliz?
Desde hace algunos años vengo estudiando a las personas con las que, de manera más o menos casual, tengo que relacionarme durante algún tiempo y que de forma natural y espontánea se muestran contentos consigo mismas y con la vida a la que no suelen pedir demasiadas cosas. Son básicamente felices "porque sí" y se dan en todas las culturas y niveles socioeconómicos. Es su actitud cotidiana, su forma de percibir y de interpretar cuanto les sucede, lo que les lleva a mantener un tono psicofísico alto y de gratitud por lo que les ocurre en cualquier circunstancia.

Todos ellos, sin excepción, "se han sabido buscar la vida y la vida les ha correspondido, les ha buscado a ellos". Cuando les he preguntado si necesitaban que sus familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo les hicieran felices, todos, me han respondido con gran extrañeza y perplejidad: "Si estás esperando para ser feliz a que alguien que no seas tú se preocupe de ello, estás arreglado; ya puedes esperar sentado".

Sin embargo, casi el cien por cien de las personas que se consideran más desgraciadas, de manera más o menos explícita, manifiestan que la felicidad depende de los demás. No creen que sean ellos mismos los verdaderos causantes de sus alegrías y desgracias, felicidad o infelicidad. Mi trabajo fundamental cuando llegan a mi consulta es tratar de convencer a estos pacientes que no es tarea de los demás hacernos felices, sino tarea primordial nuestra.

Lo cómodo para una gran mayoría de las personas es culpar a los demás de sus fracasos, errores, carencias y desgracias. Su gran inmadurez psíquica les convierte en seres desvalidos, llenos de complejos y de miedos, pero no por ello dejan de almacenar rabia y odio contra quienes no se ocupan de solucionarles los problemas y sacarles del atolladero en que ellos mismos se han metido.

Enrocados en esta cómoda actitud negativa de que nada pueden hacer porque son los otros los causantes de sus desgracias, no pasan a la acción, no ponen remedios eficaces a sus males y se convierten en problema grave para sí mismos, para quienes están cerca o hayan pretendido ayudarles y para los demás.

En la búsqueda de la felicidad pueden orientarnos y aconsejarnos, pero nadie puede hacer una tarea fundamental para ser feliz, que es ser uno mismo quien cada día se ocupa de mantener, a toda costa, la firme actitud de ser feliz hasta cuando la vida nos da la espalda y lo estamos pasando mal. Os recomiendo el libro Sabiduría esencial, de la editorial Temas de Hoy.


Bernabé Tierno
Psicólogo y escritor

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