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Lunes, 29 de Febrero 2016


Emilio González: “Nos preocupa demasiado tener y tener”



El joven actor, cómico, monologuista y guionista Emilio González comparte con nosotros sus Historias sin importancia en el programa de radio Palabras Mayores cada sábado. Su imagen de “niño bueno” no nos engaña y a través de una charla distendida con él descubrimos qué le preocupa, cómo se siente y cómo ve su futuro. Le preocupa el individualismo y la falta de sentido del humor, y se ríe de lo cotidiano, de las pequeñas cosas, elevando lo simple al grado de maestría cuando lo convierte en detonador de la risa. Este artesano del entretenimiento asegura que su familia es esencial para conservar su estabilidad y que le gustaría envejecer con tranquilidad y placidez.  

 

Eres de Málaga. ¿Recuerdas cómo surgió la posibilidad de actuar?
Aunque la idea de ser actor me ha acompañado siempre, yo trabajaba en un supermercado, en la sección de pequeños electrodomésticos. Pero un año, en vacaciones, me apunté a clases de teatro y ya no volví.
 
¿Cómo fueron los inicios?
Trabajé mucho haciendo teatro, participé en una serie que en Canal Sur tuvo mucho éxito, Plaza Alta, y también fui reportero en un programa que se llamaba El Gallinero. Era un reportero loco que hacía preguntas surrealistas a personajes conocidos. Y, fíjate cómo son las cosas, el otro día viendo de nuevo el programa me di cuenta de que muchos de los políticos que entrevisté entonces, hoy están en la cárcel (ríe). Era un programa de humor que fue muy seguido. Con esta experiencia, decidí dar el salto a Madrid pensando que iba a estar seis meses.
 
¿Por qué pensabas que venías para volverte?
Siempre tenía en mente venir a Madrid, pero creía que no me iba a ir bien, que sería muy complicado hacerme un hueco. No pensé que iba a quedarme tanto tiempo porque, además, estaba muy apegado a Málaga y a mi familia. Recuerdo que lo primero que hice aquí fue una campaña para Dyc y el guión de un espectáculo que dirigió Nancho Novo, Confesiones sexuales de un solateras, con Enrique Escudero. Desde entonces, no he dejado de trabajar como actor.
 
Actúas, presentas, entrevistas y escribes. ¿Qué faceta te llena más?
Escribo guiones y también microrelatos que hablan un poco de todo. De hecho, tengo un blog que se llama Pasajeros en tránsito donde voy sumando mis relatos y algún día me gustaría publicarlos. Reconozco que lo que más me gusta es escribir y la radio y, aunque vivo bien de la actuación, me encantaría poder dedicarme más a ello.
 
Cuando el humor no es protagonista, ¿qué temas te interesan?
Me gusta mucho la literatura mágica y los personajes que están perdidos. Me gusta la figura del perdedor, el que no lo consigue, al que dejan. Tal vez, porque vivimos en un mundo donde prima el triunfo.
 
¿Qué es el triunfo para ti?
La libertad. Poder decir que casi todo el tiempo de mi vida hago cosas y estoy con gente que me gusta, que me aportan, que quiero y me quieren. Y más o menos lo consigo.
 
¿Te preocupa el reconocimiento de los demás?
Más que preocuparme, me inquieta un poco, aunque cada vez menos, debe ser por la edad. Hubo un tiempo en el que sí me preocupaba no alcanzar lo que quería.

Pero en este país hay mucho talento que no se reconoce…
Así es. En mi profesión, por ejemplo, se mide todo por la televisión, por tus apariciones en ella. Es curioso, si haces un anuncio recibes mil mensajes; en cambio, si haces una obra de teatro recibes cuatro.
 
En general, el mundo del humor, los cómicos en España, ¿tienen el reconocimiento que se merecen?
Tenemos grandes cómicos, pero siento, incluyéndome entre los jóvenes, que hemos perdido el hilo conductor con los cómicos mayores. A veces, incluso se les ha mirado con recelo, como algo casposo, que es una expresión que he oído más de una vez. Ahora parece que grandes cómicos jóvenes están volviendo a mirarles con el respeto y la admiración que se merecen. Hay que reconocer que hacer humor en el tiempo en el que tuvieron que hacerlo, con la gracia que lo hicieron y lo difícil que lo tuvieron, es admirable.
 
¿Puedes darme algunos nombres que para ti sean grandes?
Me gusta mucho la verborrea y la inteligencia de Moncho Borrajo, también Fernando Esteso y Andrés Pajares, Eugenio, Tony Leblanc… Hay muchos.
 
¿Cómico puede ser cualquiera?
No. Muchos pueden ser graciosos en un momento determinado, pero crear un espectáculo, un diálogo, un monólogo de humor y llegar al público, hacerle sonreír, no es sencillo. Además, aunque nadie se lo crea, la gente que hacemos humor somos gente seria y, en muchos casos, tímidos.
 
¿Qué es lo último que has hecho?
Un capitular en la serie de televisión La que se avecina. Además, sigo de gira por toda España con mi espectáculo Historias sin importancia, he participado en varios anuncios publicitarios, varios vídeos para la Fundación Mapfre y algo que me ha gustado mucho es trabajar con Ana Morgade en No lo intentes en casa, que ha tenido mucho éxito y puede verse en Internet.
 
Llevas más de un año con nosotros, en el programa de radio Palabras Mayores, con tu sección Historias sin importancia. ¿Qué te lleva a querer formar parte de un espacio dirigido a los sénior?
Para mí, era un reto diseñar esa sección de humor para los mayores de 50. Al principio, intenté adaptarla y buscaba hablar de cosas que les interesasen, pero pronto me di cuenta que un oyente de 50, 60, 70 o más años, se ríe de las mismas cosas que yo. Lo disfruto mucho y cada vez me lo paso mejor.
 
Más allá de tu intervención, ¿qué te parece que haya un programa en la radio comercial de estas características?
Me parece genial. Es más, debería ser casi obligatorio que cada emisora dedicara un espacio a los mayores, porque la publicidad, el humor, la televisión no les dedican el tiempo que se merecen. Además, el programa está muy bien, porque habláis de todo, desde la salud a lo legal, recordáis música de su tiempo. Creo que es imprescindible un espacio que informe y que ayude a prepararse para la vejez.

Mirando hacia adelante, ¿cómo se presenta el futuro más inmediato?
Tengo mucha ilusión en ese futuro y espero poder contarte muy pronto nuevos proyectos. De entrada, voy a dirigir un corto escrito por mí con Marian Torres y Jon Arias, Esto no es una comedia romántica. Te puedo avanzar que la historia comienza como una comedia romántica, pero no acaba como tal. Se rodará ahora, en febrero. Lo que más me gusta es eso, estar detrás, aunque seguiré actuando, haciendo monólogos y con la gira de Historias sin importancia.
 
Hablemos de Historias sin importancia. ¿Cuándo nace y qué cuenta este espectáculo?
Nació hace tres años ya y seguimos de gira. El nombre es un homenaje a la sencillez de las cosas, a la simpleza, a lo que realmente importa en la vida. A veces, nos preocupa demasiado tener y tener, cuando las cuatro cosas que importan ni se pueden tocar. Cuando me planteé el espectáculo, pensé en poder reírme de cosas sin importancia, como hacemos en el programa de radio. Apenas hablo de política ni de religión, me centro en situaciones cotidianas: qué pasa cuando te enamoras, cuando te dejan o cuando te haces mayor, y te haces mayor cuando comienza a preocuparte mucho tu alimentación; tomo tanto Actimel que estoy a punto de ser inmortal (sonríe). En este espectáculo, me río mucho de mí y he aprendido a reírme con el público.
 
Como cómico serás un gran observador. ¿Qué te preocupa de lo que ocurre a tu alrededor?
Lo que más me preocupa es el individualismo y la falta de sentido del humor.
 
¿De qué no te ríes? 
No me gusta reírme de los defectos físicos de nadie. Y no es que no me guste el humor negro. Es genial que un cómico se ría de la muerte, le quite importancia, pero no me parecen divertidos los chistes que ridiculizan las discapacidades o puedan llegar a dañar a alguien.
 
¿Y qué te hace gracia?
 Me río de la verdad, de lo cotidiano. De hecho en Historias sin importancia cuento muchas anécdotas personales reales. Por ejemplo, una novia me dejó el día de su cumpleaños después de una actuación que preparé para ella. A ella le gustaba Michael Jackson y a mí el flamenco, y ese día le regalé una versión, en broma, del tema Smooth criminal, pero en versión flamenca. En el espectáculo cuento esta historia, me siento en una silla, me desabrocho la camisa y, como si fuera un auténtico cantaor, cual Príncipe Gitano, canto Annie are you ok? Todo muy exagerado, pero al público le encanta, me corean con olés y todo.
 
¿Cuál es el propósito que te has marcado a corto plazo?
Me encantaría llegar a más gente como cómico, a través del teatro, la tele y la radio. Dar un paso más. Cuando acaba cada año, escribo una carta con los diez deseos, personales y profesionales, más importantes para mí. Esa carta, que permanece en el salón de mi casa, vuelvo a abrirla el día de Reyes del año siguiente. Algunas cosas se cumplen y otra no, pero lo curioso es que algunas han dejado de tener importancia. Esta carta me ayuda a darme cuenta de muchas cosas.
 
Esa carta es un buen ejercicio para conocerse mejor a sí mismo, ¿no?
Creo que sí. Al menos, a mí me sirve en ese sentido. ¿Y sabes cuál es otro ejercicio muy saludable que deberíamos hacer a menudo? Piropearnos a nosotros mismos. Reconocer nuestras virtudes y no flagelarnos tanto, que a veces lo hacemos.
 
LA RAÍZ
Te vienes a Madrid y dejas a tu núcleo familiar en Málaga. ¿Qué papel juegan en tu vida?
La familia es la raíz que nunca debes perder, incluso cuando las cosas no van bien. Me estoy reencontrando con mis padres y les entiendo mucho mejor que cuando era más joven. Mi relación con ellos ha ganado con el paso de los años y eso me ayuda a estabilizarme como persona y como artista.
 
¿Te preocupa que se hagan mayores?
Sí, aunque todavía son jóvenes, están en los 60 y tantos y aún les queda mucho por hacer. Además, con el paso del tiempo no han perdido la coquetería, y eso me gusta. Hace poco vi un gesto en mi padre que me hizo pensar en el paso del tiempo. Se iba a levantar del sillón y se agarró la pierna para hacerlo, algo que nunca había hecho. En ese momento, algo me pellizcó dentro preguntándome por qué no me dolía a mí en lugar de a él.
 
¿Te preocupa envejecer?
Me gustaría envejecer como les veo a ellos, con tranquilidad, actividad y placidez. Lo único que me molesta de esto es que el tiempo se pasa muy rápido. 

Por Juani Loro

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