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Miércoles, 26 de Agosto 2015


El 30 % de los trabajadores sufrirá el síndrome posvacacional al reincorporarse al trabajo



Con la llegada del mes de septiembre toca dejar atrás los días de descanso, desconexión y vacaciones de los que han podido disfrutar muchos de los trabajadores de toda España. La temida vuelta al trabajo se convierte ahora para algunos en el síndrome o depresión posvacacional. Lee Hecht Harrison, como división del Grupo Adecco y líder en el sector del coaching y el outplacement, se ha propuesto estudiar en qué consiste este síndrome, a qué personas afecta y cuáles son los mejores planes para evitarlo y combatirlo.
 
¿Qué es el síndrome o depresión posvacacional?
El síndrome o depresión posvacacional es la sensación de falta de energía, de motivación o la tristeza que se genera en algunos trabajadores al reincorporarse al trabajo después de un período de vacaciones. Se trata de una ruptura en el proceso de adaptación o transición entre el tiempo de ocio y descanso generado por las vacaciones y la vuelta a la rutina laboral. En este proceso, el entorno adquiere un papel protagonista, tal y como apunta Nekane Rodríguez de Galarza, directora de Lee Hecht Harrison: “Los entornos de negatividad en el trabajo, en los que se realizan tareas repetitivas o en los que aparecen jefes poco motivadores, suelen provocar una mayor sensación de desánimo a la vuelta de vacaciones”
 
En España, se calcula que un 30% de trabajadores está sufriendo o sufrirá el síndrome posvacacional al reincorporarse a la vida laboral. Además, una parte importante de ese 70 % restante padecerá un cuadro de fatiga o estrés que, aunque no llegue a considerarse crisis posvacacional, sí estará directamente vinculado al cambio de estado entre esos días en los que apenas se tienen responsabilidades y aquellos en los que vuelve el orden y la rutina.
 
¿A quiénes afecta?
Aunque no se puede trazar un perfil de trabajador concreto al que le afecte esta depresión, sí que se puede realizar una aproximación basada en sus características personales y en su entorno. En este sentido, son las personas que tienen menor tolerancia a la frustración y las menos resilientes las que son más susceptibles de caer en el síndrome postvacacional.
 
Del mismo modo, es más probable que padezcan este síndrome los trabajadores que tienen la oportunidad de realizar largos períodos vacacionales que aquellos cuyas vacaciones están divididas a lo largo del año. Esto se explica por la mayor desconexión del trabajo y el desarrollo de hábitos de vida diferentes durante ese tiempo. Así, “un hábito necesita 21 días para implementarse y un mes de vacaciones es tiempo más que suficiente para que una persona se
acostumbre a los nuevos hábitos de vida”, tal y como señala Rodríguez de Galarza.
 
El entorno es otro factor crucial que influye en los trabajadores y los hace más susceptibles de padecer una depresión posterior a sus vacaciones. En esta línea, aquellos que regresan a un entorno laboral hostil, los que deben lidiar con un jefe incompetente o que no les valora, y los que ya no les ilusiona su trabajo, tienen altas probabilidades de contraer el síndrome posvacacional.
 
¿Cuáles son sus síntomas?
El principal síntoma sería la apatía, seguida por el cansancio o la falta de energía y concentración para realizar las tareas. En otras personas, se puede manifestar mediante otras señales como el trastorno del sueño, el nerviosismo, el estrés o la tristeza. En casos más extremos, el trabajador afectado por el síndrome posvacacional puede experimentar ansiedad, dolor de cabeza e, incluso, malestar general. La duración habitual del síndrome es de 15 días.
 
¿Cómo prevenirlo?
Para evitar el síndrome posvacacional lo más importante es hacer que la transición de las vacaciones al trabajo sea lo más suave posible. En este sentido, cualquier medida que pueda hacer de este proceso algo paulatino y que evite el cambio brusco, será positivo. Algunas de las medidas más efectivas en esta línea son: levantarse pronto unos días antes de reincorporarse al trabajo para que el trabajador se acostumbre con antelación a los horarios habituales; volver del lugar de vacaciones unos días antes; repartir o dividir los días de vacaciones a lo largo del verano para evitar implementar nuevos hábitos de vida durante ese
tiempo; e interpretar de forma positiva la vuelta a la rutina y no caer en el pensamiento de que el trabajo es una carga, pues eso puede hacer que se agudicen los síntomas del síndrome posvacacional.

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