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Miércoles, 7 de Octubre 2015


Duerme y descansa


Repone el equilibrio de tu organismo


Dormir es una actividad necesaria, que permite restablece el equilibrio físico y psicológico de las personas. Las necesidades de sueño no disminuyen con la edad, pero sí cambian los hábitos y rutinas: el sueño es más ligero, son más frecuentes los despertares nocturnos y, como consecuencia, los mayores tienden a dar cabezadas durante el día. Una buena higiene del sueño, como evitar cenas copiosas y no comer ni ver la televisión en la cama, contribuye a que tu sueño sea reparador. Recuerda que dormir mal, puede influir en tu vida social, laboral, familiar y personal.

La principal función del sueño es reparar el organismo para enfrentarnos a una nueva jornada con energía y optimismo. Mientras dormimos, se llevan a cabo funciones fisiológicas imprescindibles para el equilibrio psíquico y físico de las personas. Además, durante el sueño también se tratan asuntos emocionales reprimidos.

“El sueño es un estado de desconexión parcial del mundo exterior.  Su función es vital y no es un fenómeno pasivo, sino activo y responsable de garantizar la armonía entre las exigencias biológicas internas (fundamentalmente hormonales y metabólicas) y el medio exterior (ciclo día/noche, intercambios sociales, necesidades laborales, etc.). Por tanto, es fundamental para conseguir la recuperación física y mental de la persona”, explica el vicepresidente de la Sociedad Española del Sueño (SES), el Doctor Juan José Ortega.

¿Cuánto necesitamos dormir?
Las necesidades de sueño son individuales y diferentes en cada persona, ligadas al código genético, la salud, el estado emocional y otros factores. Ahora bien, el tiempo ideal de sueño es aquel que nos permita descansar para poder realizar las actividades diarias con normalidad.

“El promedio de sueño de los españoles está en torno a las siete horas y media, aunque luego nos encontramos con los denominados dormidores cortos (con necesidades iguales o inferiores a cinco horas) y dormidores largos (diez o más horas). Ambos extremos los entendemos como variantes de la normalidad”, destaca el Doctor Ortega. 

En este sentido, este experto subraya que las necesidades de sueño no disminuyen con la edad. “Lo que sí disminuye es la capacidad del individuo para quedarse dormido y para conseguir un sueño continuo, sin interrupciones. Ello se debe al proceso fisiológico del envejecimiento, que provoca una menor secreción de la hormona del sueño (melatonina), una menor amplitud del ritmo circadiano vigilia-sueño y una también menor plasticidad neuronal (aunque no una pérdida de neuronas)”, afirma. 

Por Sonia García


Nota







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