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Jueves, 29 de Noviembre 2018


Disponible en España Zurampic, un nuevo tratamiento para la gota



La gota es una enfermedad que afecta a más del 2 % de los españoles adultos en España. Hasta ahora se disponían de escasas opciones terapéuticas para el control de la hiperuricemia (elevación del nivel de ácido úrico en la sangre), que es la causa de formación de cristales de urato en los tejidos.

Para hacer frente a la enfermedad, Grünenthal ha lanzado Zurampic, un nuevo tratamiento que consigue que el doble de los pacientes alcance los objetivos de ácido úrico en suero (AUs) frente a la monoterapia.
 
Los medicamentos que se emplean en el tratamiento de la gota pertenecen, mayoritariamente, al grupo de los inhibidores de la xantina oxidasa, que frenan la producción de ácido úrico (alopurinol y febuxostat). El más habitual es el alopurinol, aunque su eficacia es limitada, ya que solo actúa a nivel de la producción del ácido úrico, cuando en el 90 % de los pacientes la hiperuricemia se debe a una excreción renal insuficiente.
 
“Por este motivo, Zurampic representa una innovación respecto a los tratamientos actuales, puesto que combinado con alopurinol aporta un mecanismo dual que potencia la reducción del AUs4, lo que incrementa la excreción y reduce la producción a la vez. Los datos hablan por sí solos, el 55 % de los pacientes que utilizaron Zurampic con alopurinol alcanzaron los niveles deseados (< 6 mg/dl), frente al 23 % de los que recibieron dosis de alopurinol en monoterapia", ha explicado la directora del Departamento Médico de Grünenthal España, Ana Esquivias.
 
La gota es una enfermedad curable, sin embargo representa un desafío clínico y una carga sanitaria importante debido a que muchos de los pacientes no reciben tratamiento, o se les prescribe un tratamiento no curativo, aun sufriendo síntomas.
 
Tal y como ha afirmado Fernando Vega, vicepresidente de la Liga Reumatológica Española (LIRE), “un diagnóstico tardío de la enfermedad puede desencadenar secuelas muy difíciles de contrarrestar a nivel de movilidad afectando también a la salud cardiovascular”.

Como los ataques de gota inicialmente son intermitentes, la patología también se percibe como tal. Fernando Pérez-Ruiz, reumatólogo del Hospital Universitario Cruces de Vizcaya, ha subrayado que “se trata de una enfermedad inflamatoria crónica incluso en ausencia de síntomas y eso se asocia a mayor riesgo de mortalidad prematura y a una pérdida de la calidad de vida percibida por el paciente”.

Factores que agravan su desarrollo
Lamentablemente, la información que reciben los pacientes es, a menudo, insuficiente, lo que dificulta la adherencia al tratamiento. “En muchos casos, el paciente deja de tomar la medicación recomendada por el médico y decide automedicarse. Si el paciente conociese los efectos que tiene la enfermedad a largo plazo, actuaría de otra manera”, ha asegurado Fernando Vega.
 
Este desconocimiento es el causante de que existan falsas creencias en torno a la gota, que se ha asociado a malos hábitos alimentarios como llevar una dieta poco saludable y la toma de grandes cantidades de alcohol. Para el doctor Pérez-Ruiz se trata de un estigma social que hay que desterrar, ya que “en numerosas ocasiones esta patología está producida por predisposición genética, enfermedades asociadas o tratamientos de enfermedades renales o cardiacas”.
 
Ciertas prácticas ayudan, pero no necesariamente determinan su aparición. El aumento de la prevalencia de la gota se puede explicar por varios motivos: la mayor longevidad de la población, que se asocia a mayor tasa de enfermedades, así como el aumento de la tasa de obesidad, especialmente en países que no siguen una dieta mediterránea.
 
Una enfermedad curable
Hoy en día es posible curar la gota. Pérez-RuIz ha explicado que “cuando se consigue reducir de manera significativa los niveles de ácido úrico durante un tiempo adecuado, los pacientes se ven libres de cristales de urato en su organismo, sin síntomas y sin riesgo de lesiones en las articulaciones: eso es curación”. A partir de ahí, se intenta mantener el ácido úrico en niveles normales para que no reaparezca la enfermedad.
 
Aunque los síntomas suelen ser típicos en dos tercios de los casos, el reumatólogo advierte que puede confundirse con la artritis por cristales de pirofosfato, llamada antiguamente “pseudogota” (falsa gota). En los pacientes de mayor edad, especialmente mujeres con artrosis o con enfermedades o tratamientos que favorezcan la aparición de gota, los síntomas pueden ser atípicos en cuanto a forma de presentación o evolución.
 
Asimismo, los profesionales han coincidido en la importancia de informar y educar sobre las diferentes manifestaciones de la enfermedad, así como de las opciones de medicación adecuadas para conseguir que los síntomas se controlen a partir del primer año de tratamiento.

El mensaje ha sido claro: la gota es curable y cada vez disponen de más medios para conseguirlo. Para ello, es necesario realizar un abordaje integral que incluya la atención primaria, la atención especializada y la participación de pacientes informados, educados y empoderados.

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