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Domingo, 6 de Febrero 2011


Dietas adaptadas, alimentación práctica


Una alimentación sana y equilibrada es condicionante elemental para conseguir salud y bienestar. Pero, cuando se trata de personas mayores, también deben contemplarse otros factores como la textura, imprescindible cuando se tiene problemas de masticación o deglución.


Dietas adaptadas, alimentación práctica
Como apunta el jefe de Servicio de Geriatría del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y miembro de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), el doctor José Antonio Serra, hay muchos mayores que están en perfectas condiciones de salud y que pueden permitirse el lujo de comer aquello que les apetece y en la forma que lo deseen, pero también encontramos personas que necesitan una alimentación que se adapte a sus problemas de salud (diabetes, hipertensión, colesterol...) o a otras circunstancias de merma de funciones, como es el caso de aquellos que tienen dificultad para masticar o para tragar la comida porque sufren disfagia, alteración muy frecuente cuando se sufre demencia o párkinson.

Este profesional médico explica que cuando esto ocurre, la solución pasa por "hacer variaciones de la dieta normal, ya sea en cantidad o en textura". La cantidad de nutrientes (proteínas, hidratos de carbono, vitaminas, grasas, minerales...) o calorías aumenta o disminuye en función de la enfermedad del paciente y del objetivo que se pretenda. En cuanto a la textura, debe cambiar si faltan piezas dentales o no se puede deglutir adecuadamente.

En principio, si el inconveniente es que no pueden masticar alimentos muy duros, se elegirán otros más blandos que aporten los mismo nutrientes. Por ejemplo, sustituir un filete de carne por uno de pescado o por una tortilla, incluso por carne picada (filete ruso) que también son proteínas, porque aunque falte dientes o muelas estos alimentos pueden triturarse relativamente bien con la encía. Asimismo, se puede optar por incluir muchos alimentos, como las verduras o las frutas, triturados. Incluso a estos purés también se les puede añadir las proteínas, y convertirlos así en comidas completas.

Recomendaciones nutricionales
Según los expertos nutricionistas, en general, a partir de los 75 años se deben consumir 1.800 calorías diarias aproximadamente porque las necesidades energéticas disminuyen con la edad, al reducirse gradualmente la actividad física y la masa muscular, aunque no siempre ocurre así y hay mayores que mantienen su ritmo de vida como años atrás.

Lo más aconsejable es repartir la ingesta diaria en cinco comidas. Es necesario asegurar un aporte elevado de proteínas, eso sí, acorde con el estilo de vida y la salud del mayor. Los alimentos donde se puede encontrar este nutriente son las carnes, el pescado, el huevo, legumbres, soja... Los carbohidratos también son muy importantes. De hecho, se estima que entre un 50 y un 60 por ciento de la ingesta energética provenga de los hidratos de carbono (pan, arroz, legumbres, fruta, verduras...). Por supuesto, las vitaminas y los minerales son esenciales para conseguir un buen funcionamiento del organismo. A pesar de su mala fama, también deben tomar grasas, porque son necesarias; eso sí, mejor las poliinstauralas (pescados, frutos secos...) y las monoinsaturadas (aceite de oliva).

Por supuesto, no puede faltar la fibra dietética que asegura una óptima función gastrointestinal. El consumo de fibra junto con una ingesta hídrica adecuada previene el estreñimiento y favorece el mejor control de la glucemia y del colesterol, entre otras ventajas.

Dietas adaptadas, alimentación práctica
Alimentación básica adaptada
Mientras el mayor alcance un recomendado aporte nutricional, no hay problema, pero si no es así, se tendrá que recurrir a lo que se conoce como "alimentación básica adaptada", que son alimentos que incluyen los nutrientes básicos apropiados para cada una de las comidas, pero modificando la textura para facilitar su masticación y deglución.

Este tipo de dietas se caracterizan por su alto valor nutricional, por su buen sabor y su sencillez de preparación.

Entre los alimentos preparados para el desayuno o la merienda se encuentran leche sin lactosa y papillas de cereales enriquecidas con proteínas, vitaminas y minerales. Para la comida y la cena, como plato principal, se dispone de purés elaborados a base de carnes, aves, pescados o huevos, combinados con verduras, hortalizas, legumbres o cereales. Las opciones de postre son sencillas: purés de frutas ricos en fibras, vitaminas y minerales.

Cuando este tipo de alimentación requiera ser complementada con hidratos de carbono, proteínas, fibra o vitamina y minerales, se pueden añadir enriquecedores de cada uno de estos nutrientes, que no varían el sabor y son fáciles de añadir en zumos, sopas, cremas y purés.

La alimentación básica adaptada también está recomendada para prevenir la malnutrición y la deshidratación, disminuir el riesgo de neumonías por aspiración y facilitar la administración de medicamentos.

                      Alimentos motivadores                                                                                                             

Se puede pensar que tomar a diario alimentos con este tipo de texturas puede resultar aburrido, pero la clave consiste en la variación de sabores y en una presentación atractiva de las comidas. Estos detalles ayudarán a que los mayores conserven el apetito y disfruten comiendo, lo que repercutirá positivamente en su nutrición y en su estado de ánimo.

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