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Domingo, 12 de Diciembre 2010


Despide el año con sol en Tahití y sus islas


Viajar a una isla exótica en medio del océano para descansar y olvidar las obligaciones y la rutina del día a día, disfrutando bajo el cielo azul y en buena compañía de enormes playas paradisíacas de arena blanca y aguas cristalinas. ¿Quién no ha tenido este sueño? Es más, la fantasía no termina sin pensar en unos días de sol y de relax alojados en un hotel de ensueño o en un lujoso bungalow sobre el agua. Pues bien, tanto si le toca el Gordo de Navidad como si no, qué le parecería despedir el año en el Pacífico Sur, concretamente, en Tahití y sus islas (Polinesia Francesa). Si decide hacer realidad su deseo, aunque esté lejos de España, a más de 15.000 kilómetros, no se olvide de tomar las doce uvas de la suerte para dar la bienvenida al Año Nuevo.


Despide el año con sol en Tahití y sus islas
Para conocer este fascinante destino se recomienda visitar el Archipiélago de la Sociedad, compuesto por ocho islas de origen volcánico y cinco atolones, llamadas las islas de Barlovento y de Sotavento. El grupo de las islas de Barlovento comprende Tahití, la mayor y más conocida, Moorea, Tetiaroa –que Marlon Brando obtuvo en concesión por 99 años–, y las pequeñas Maiao y Mehetia. Las de Sotavento son, en su mayoría, islas montañosas, bastante diferentes entre sí: Huahine, Bora Bora, Raiatea, Taha’a y Maupiti. A continuación, nos detendremos en las célebres Tahití, Moorea y Bora Bora.

Tahití: isla reina

La isla de Tahití es el corazón de los Mares del Sur y la puerta de entrada al territorio. La capital del país, Papeete, es conocida por su famoso mercado abierto todos los días desde las 5 a las 17 horas, y de 4 a 19 horas los domingos. Es parada ineludible para cualquiera que visite la ciudad, ya que ofrece una amplia variedad de frutas, verduras y pescado fresco de las islas, así como una atractiva y colorida selección de objetos artesanales. Pero Tahití es mucho más: posee valles majestuosos, sitios arqueológicos de alto interés, bellos montes volcánicos de puntas aceradas como Aorai y Orohena o estupendas playas para los amantes del surf.


Moorea: isla mágica

Moorea es la isla hermana de Tahití, cuna de la familia real del Pomare y centro principal en el que nació y se desarrolló el protestantismo. La isla se alza hacia el cielo con montañas volcánicas cubiertas por el verde aterciopelado de los cocoteros, de las palmas y de las plantaciones de piñas. La isla también es conocida por sus espléndidas playas blancas y la variedad de sus corales y criaturas submarinas. Además, puede visitar la Casa de la Naturaleza del Mou’a Roa, el centro de delfines, el pueblo de Tiki, donde si lo desea puede renovar sus votos de amor celebrando una boda al más puro estilo tradicional tahitiano, o subir al monte Rotui. La vista de los paisajes es indescriptible.

Despide el año con sol en Tahití y sus islas
Bora Bora: isla del amor

También llamada "la perla del Pacífico", la sensualidad de esta pequeña isla surge de sus paisajes, de los caprichos tropicales que alegran la vista y de los exclusivos bungalows sobre el agua, que son refugio de intimidad para acoger a las parejas en su luna de miel o bodas de plata. Una actividad imprescindible en las transparentes y cálidas aguas de la laguna marina de Bora Bora es hacer esnórquel en un maravilloso jardín de corales con miles de peces multicolores. Asimismo, los complejos hoteleros ofrecen picnics-gourmet para pasar una jornada en un motu, como se denomina en tahitiano a los pequeños islotes coralinos que rodean la isla. Se puede disfrutar de sus playas vírgenes, acompañados por un chef que cocina el almuerzo con especialidades francesas y tahitianas.
Y de las islas exóticas con paisajes de ensueño a la galaxia de atolones que forman el Archipiélago de Tuamotu a lo largo de un arco de 1.500 kilómetros al oeste de las islas de la Sociedad y al sur de las Marquesas. Las descubrió el portugués Fernando Magallanes en 1521 y se trata de un puzzle paradisíaco formado por islotes coralinos, que flotan sobre una extensión de mar y playas, con el único ruido que el de las olas que se rompen contra la barrera coralina o el movimiento de las palmeras con el viento. Así, los atolones se han convertido en el refugio idóneo para los que buscan intimidad y alejarse del tiempo o también para aquellos submarinistas o buceadores experimentados que buscan aquí un bautismo de lujo.


Manihi: isla de las perlas

Otro de los atractivos de este archipiélago es la posibilidad de conocer in situ cómo se cría la preciada perla negra de Tahití, que se cultiva en las calientes aguas de las lagunas en un proceso que dura años y en el que sólo una de cada 500 resulta un ejemplar perfecto. Para ello, deberá trasladarse hasta Mahini, conocida como la isla de las perlas, donde se hallan numerosas granjas y su laguna está cuajada de pequeños talleres de producción donde comprar esta magnífica joya del mar como recuerdo de su estancia en el Pacífico Sur. Además, si tiene ganas de aventura podrá sumergirse en las cristalinas aguas turquesa para buscar de primera mano el preciado tesoro en un inmenso parque de ostras.


Fakarava: isla protegida

El segundo atolón más grande de Tahití y sus islas se caracteriza por su naturaleza virgen, declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco por su variedad de flora y fauna, como el martín pescador o la palmera Tuamotu. El antiguo enclave de Tetamanu es una de sus visitas destacadas, con una de las primeras iglesias católicas (del año 1874) construida completamente de coral. También sus granjas de perlas y una empresa muy pintoresca dedicada al ahumado de picos de pato.

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La perla negra de Tahití
 

Desde hace miles de años, las aguas calientes de las lagunas de Tahití y sus islas albergan una maravilla: la ostra perlera de labios negros o "pinctada margaritifera", variedad de Cumingi, nombre del biólogo que la clasificó en 1820. Puede ser de distintos colores: verde tornasolado, "ala de mosca", azulada, dorada, rosada o simplemente gris mofletuda, pero siempre brillante y llena de encanto. Las perlas negras alcanzan los 13 milímetros y su tiempo de cultivo es de dos a tres años. Podrá visitar una de las muchas explotaciones perleras en la isla de Taha’a, donde además se produce más del 80 por ciento de la famosa vainilla de Tahití, o en las islas bajas de Tuamotu.



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