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Viernes, 10 de Septiembre 2010


Cuanto mayor eres,más te mata la ira



Cuanto mayor eres,más te mata la ira
Las emociones negativas nos perjudican gravemente a cualquier edad, pero en el caso concreto de la ira y del resentimiento son especialmente destructivas tanto para el propio iracundo como para la persona que padece los efectos de nuestra rabia e irascibilidad.

Es cierto que no podemos impedir que alguien, por los motivos que sean, pierda el control de sus nervios y de sus emociones y se comporte reaccionando con gestos, palabras y actitudes violentas, desconsideradas y hasta insultantes; pero también es verdad que es posible no responder a la ira y a las formas violentas y mantener un estado de ánimo sosegado, tranquilo y con verdadera calma.

Las reacciones violentas, descontroladas e iracundas las tenemos todos, sea cual sea nuestra formación, edad, sexo y condición social, pero a medida que nos hacemos mayores solemos ser más cascarrabias, insoportables e iracundos, sin saber que cuanto más mayores somos, con mayor intensidad, virulencia y gravedad puede "matarnos" la ira. ¿Por qué? Porque con los años nuestros sistemas y órganos vitales son más frágiles y los males que puede acarrearnos son incalculables.

El primero y el más frecuente y grave de todos los males que conlleva un carácter iracundo en personas mayores de cincuenta años es la fácil propensión a incrementar los problemas cardiovasculares, subida de tensión, debilitamiento del sistema inmunológico y, en general, que un permanente estado de estrés y de enfado crónico facilite la aparición de enfermedades tan graves como el cáncer y el ataque al corazón.

Siempre debemos mantener el control sobre nosotros mismos, serenarnos y darnos paz, pero con mayor motivo cuando ya hemos vivido lo suficiente como para haber aprendido que las cosas no se solucionan aumentando el número de reacciones violentas y enfadándonos por lo más mínimo.

Los años deberían habernos proporcionado la sabiduría necesaria para saber sosegar nuestro cuerpo y nuestra mente, darnos paz y tranquilidad y no permitir que la ira malogre nuestra salud y nuestra vida.

La ira prolongada y convertida en hábito engendra odio y el odio no solamente es "la cólera de los débiles", como afirma Daudet, sino que debilita y enferma a la persona de forma integral y destruye a quien no sabe decir ¡basta! y dejar de atizar y alentar emociones tan destructivas como el odio y el deseo de venganza. Que la sabiduría nos acompañe, también la madurez, y nos evite los devastadores efectos de la ira y del odio.


Bernabé Tierno
Psicólogo y escrito

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