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Lunes, 10 de Septiembre 2012


Cordura y coherencia



Cordura y coherencia
La neurociencia nos enseña que debemos tener especial cuidado con nuestras reacciones primarias que tienen que ver con los pensamientos automáticos, con las intuiciones, los prejuicios y demás respuestas que acepta nuestro cerebro sin pensar. Estas reacciones son respuestas que rigen la mayor parte de las cosas que hacemos diariamente.

Si queremos cometer menos errores, ser más cuerdos y coherentes y quitarnos infinidad de problemas, tenemos que aprender a generar pensamientos elaborados, o lo que es lo mismo, hacer las cosas con verdadera atención y consciencia. El esfuerzo mental de ser precavidos, de pensar antes de hablar y, sobre todo, saber prever de antemano las consecuencias de nuestras palabras, decisiones y actos, es de capital importancia para proporcionarnos mayor bienestar y dar más grata vida a nuestra existencia.

Quien se acostumbra a hacer algo tan sensato como atender a los demás y escucharles, pero también a escucharse a sí mismo, comienza con buen pie el camino de la sabiduría.

Seguramente, la disciplina y el entrenamiento que más necesitamos todos, sea cual sea nuestra edad, es la de la cordura y el pensar reflexivo. La atención, que definía Jaime Balmes, como la aplicación de la mente consciente a aquello que tiene entre manos, es de necesidad ineludible. Lo contrario, es la dispersión mental, las reacciones viscerales y los “prontos”.

Las personas “caracteriales” que en décimas de segundo pasan del estado de calma a la explosión emocional más brutal, tienen que ser advertidas del problema grave que tienen porque durante unos minutos pueden estar desconectados de su sistema racional y decir y hacer verdaderas barbaridades.

Cuando llegan a mi consulta como psicólogo, casos claros de personas, jóvenes o mayores, y también niños, con una personalidad visceral y primaria, les explico con todo detalle cómo tienen activado con mucha frecuencia el sistema nervioso simpático, que les domina e impide razonar lo más mínimo.

Estando bajo los efectos del cerebro reptiliano, que sólo entiende la vida desde el aspecto de atacar o defenderse, se cometen las mayores barbaridades, incluidos todos los crímenes y reacciones descontroladas que hacen desgraciadas las vidas de millones de personas. Se impone la necesidad de la cordura y del sentido común que tiene que ver con la reflexión serena, la paz interior, la meditación y el sosiego.

Pensar detenidamente las consecuencias de lo que decimos y la forma en que lo decimos, así como controlar nuestras reacciones, nos reportará incontables beneficios. Como bien decía Gandhi: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”.

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