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Jueves, 6 de Octubre 2011


Contra soberbia... humildad



Contra soberbia... humildad
Es bueno, de vez en cuando, tener conciencia de nuestros niveles de arrogancia, prepotencia y soberbia para llegar en lo posible a las cercanías de la realidad de la vida y de la verdad posible que se encuentra en la humildad, es decir, en el conocimiento de nuestra pequeñez, limitaciones, miserias y fragilidad.

No hay verdadera soberbia sin arrogancia, vanagloria y actitud desafiante y despectiva al creerse más que los demás. Digo esto, porque mientras el optimismo y la autoconfianza y sentimiento de sentirse valioso y competente son verdaderas virtudes y fortalezas, como la alegría y el sentido del humor, tan necesarios para sentirnos valiosos y bien con nosotros mismos, pero sin despreciar a los demás ni creerse más que nadie; la soberbia y la arrogancia son destructivas porque desprecian a los demás y no les conceden valores ni méritos.

San Isidoro afirmaba que: “La soberbia es el principio del pecado y quien se exalta es deprimido, quien se eleva es postergado y quien se hincha, revienta”.

Quienes han estudiado en profundidad a los soberbios más taimados y sutiles, que son los peores, afirman como Jaime Balmes que para saciar su sed de gloria, el soberbio auténtico aprende a negarse a sí mismo y mostrarse como un “pobrecito” sin pretensiones de grandeza, cubriéndose con el manto de la humildad.

En realidad, la humildad sincera y auténtica de quien es capaz de considerarse un ser humano ni más ni menos que nadie; respeta y valora a los demás y admite de corazón y con sinceridad sus limitaciones como sus cualidades, procurando no caminar delante ni detrás de sus semejantes, sino al lado, como compañero de viaje en el camino de la vida, de igual a igual.

La humildad no abunda entre los doctos, como afirma Anatole France, y es verdad, pero todavía es menos frecuente encontrar la humildad entre los ignorantes. En cualquier caso, si alguien desea conocer su grado de soberbia y arrogancia, puntúese de 1 a 10 en los siguientes ítems:

• Menosprecio y desconsideración hacia los demás.
• Idolatría personal y escasa autocrítica.
• Permanente exhibición de lo que tiene y de lo que vale.
• Ponerse siempre el “yo” por delante: “Yo esto”, “yo aquello”.
• Prepotencia y disfrute, humillando y menospreciando.

Nota



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