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Lunes, 28 de Junio 2010


Confidencias: Pilar Bardem


"Las personas se tendrían que tocar y abrazar más"


Confidencias: Pilar Bardem
Encantadora, cercana y cómica. Así es Pilar Bardem, una señora que disfruta de la vida con la ilusión del primer día, y eso se nota y se contagia, a pesar de que ella diga que “no puedo con todo”. Y es que su vena reivindicadora la hace estar siempre en primera fila. Sin embargo, detrás de esa imagen de mujer fuerte y luchadora, Pilar es, además de una estupenda actriz, una abuela de 71 años preocupada por encontrar los DVD de Bob Esponja para su nieto, amante de los boleros y gran aficionada a los ordenadores, desde que descubriera que a través de una webcam podía ver el peinado de su hijo Javier en No es país para viejos antes que nadie. Desde entonces, actualiza su perfil de Facebook a diario y está al corriente de todo lo que se dice de ella y de los Bardem en Internet. Una cuestión que no le preocupa, como sí el hecho de “seguir viendo a mis hijos felices” y la promoción de su nueva película La vida empieza hoy, que aborda abiertamente el sexo en la tercera edad. Un tema todavía hoy tabú, pero del que “La Bardem” habla sin pelos en la lengua, como siempre. ¡Gracias Pilar!

Confidencias: Pilar Bardem
¿Qué pensó cuando leyó el guión? ¿Qué le atrajo de él?
El guión lo tenía en casa desde hacía bastante tiempo, más de dos años, y me gustó mucho porque es una comedia amable, donde se invita a la vida y se estimula a las personas mayores para seguir siendo felices sexualmente. Porque la sensualidad no se termina con la edad. Se es sensible mientras se vive, y las caricias te gustan igual, o quizá más, cuando eres mayor que cuando eres una persona joven y lozana. Además, estaba muy ilusionada porque quiero, admiro y gozo de la amistad de Laura Mañá, la directora y guionista de La vida empieza hoy.

La película trata el tema en clave de comedia. ¿Cómo se logra?
En esta vida cualquier situación tiene siempre dos caras, incluso las más dramáticas tienen un lado jocoso de repente. El enfoque de la película es, sobre todo, positivo y gratificante. No se quiere dar pena ni lástima. Por cómo avanza la sociedad hoy en día, la tercera edad ya es una edad absolutamente juvenil. Dentro de poco entraremos en la cuarta edad, afortunadamente para la gente que sigue viviendo.

¿Por qué cree que el sexo sigue siendo todavía un asunto tabú entre las personas mayores?
En este país hemos vivido 40 años de dictadura en los que la mujer ha sido relegada al ostracismo, y todo era culpa de la mujer. Después, cuando los hijos se casaban y tenían niños, la etapa de la madurez se reducía a ejercer de canguros, cuando en verdad debería ser una etapa plena de libertad para que la persona mayor pudiera tomar sus decisiones libre y conscientemente.

¿Se ajusta la imagen que tiene la sociedad de las personas mayores a la realidad?
No, en absoluto. Hay mucha gente que, una vez pasada la edad de la jubilación, se dedica a hacer cosas que no ha podido realizar en su juventud, como estudiar, que es una de las actividades más bonitas del mundo, y no sólo a ser unos canguros agradables. Los abuelos tienen derecho a disfrutar de sus nietos, pero también a irse luego con su ligue, a la cama o donde les dé la gana.
En la película da vida a Juanita, una viuda que redescubre el sexo...

Juanita es más bien rara (risas). Es una señora mayor que está muy amargada, puesto que no ha tenido un orgasmo en su vida, no le tiene ninguna simpatía al muerto y está obsesionada con el más allá. Una cosa que Laura ha hecho con mucha poesía, y es curioso, es que ella, que únicamente se pinta y se arregla para irse a dormir porque le horroriza que le pillen mal si se muere, gracias a las clases de sexo decide que es mejor pintarse los morros y la raya del ojo y ponerse una vestimenta más agradable para salir a la calle, no en busca de novio, sino para disfrutar. Hay que permitirse las fantasías, y a Juanita el autobusero le trae por la calle de la amargura (risas).

¿Qué ha aprendido durante el rodaje?
De sexo nada, porque afortunadamente soy una señora que ha tenido un sexo absolutamente feliz y gratificante (risas). Lo que sí he aprendido es la lección que se da en las clases de sexo: animar a otras personas a que jueguen, a que se toquen, se besen... Esto es una cosa que creo que se está perdiendo, incluso en la gente de mediana edad. Las personas se tendrían que tocar y abrazar más.

¿Con qué cara saldrá del cine la gente mayor que vaya a ver la película?
Saldrán con una sonrisa y de buen rollo. Y si están casados o emparejados dirán: “Oye, Pepe, vamos a ver si nos sale aquello que hacíamos” (risas).

UNA VOCACIÓN TARDÍA

Pertenece a una de las sagas de cómicos más antiguas del país. ¿Qué recuerda de aquellos años viajando con sus padres en las giras teatrales?
Mucha felicidad. Los padres de mis compañeras me parecían unos señores muy raros: eran jueces, médicos... No sabía por qué se dedicaban a esas cosas tan raras, y todo el mundo tan serio.

¿Siempre quiso ser actriz?
No. Hice teatro en la universidad y, más tarde, el meritoriaje en la compañía de Manolo Gómez Bur, que consistía en trabajar sin cobrar. Pero yo conseguí que me pagara. De aquí viene mi vena reivindicadora.

También hizo sus pinitos como modelo...
Sí, fui maniquí. Yo siempre he sido lo que la vida me ha brindado. Fui a ver un desfile de modelos con mi madre, que tampoco se sabe por qué mi madre fue a un desfile de modelos, y al grito de qué alta y qué delgada, la encargada me dijo: “¿En vez de ver el desfile te importaría pasarlo?”. Racionalicé la propuesta y pensé: “¿Qué puede pasar? ¿Que me caiga?”. Al final, salí airosa.

Confidencias: Pilar Bardem
Días después, me propusieron ir a Valladolid, donde estaba mi señor novio haciendo la mili en artillería, y donde mi madre, por supuesto, como era pecado, no me dejaba ir. Entonces vi el cielo abierto y dije, ¡la profesión de mi vida!

Volviendo a su faceta como actriz, de todos los personajes que ha hecho, ¿cuál le ha marcado más?
Hay uno que para mí es inolvidable por las cosas que me trajo, un Goya, y por las consecuencias que tuvo, que fue el personaje de Doña Julia en Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto. También por las connotaciones que tenía el personaje, basado en la madre de Agustín Díaz Llanes, Tano, el director.

¿Y sueña con interpretar alguno en especial?
No, no tengo sueños de grandeza ni de esplendor. Me gustan los personajes que tienen carne, sensaciones, sentimientos... Sobre todo, me interesa mucho el entorno de la película, quiénes son los compañeros, quién la dirige... Ahora que puedo elegir.

¿Piensa seguir trabajando?
Por supuesto. Se es actor hasta que te mueres, pero no hace falta morirse en las tablas. Aunque así nos han enseñado: un actor no suspende nunca.

¿Le apetece compartir rodaje con alguno de sus hijos?
Con Javier trabajé en el primer corto de mi sobrino Miguel Bardem, La madre, que era una señora de la gran... Vamos, que no podía ni ensayar, porque le decía tales barbaridades a mi hijo que cuando acababa el ensayo le decía: “Que no es verdad, que yo no siento eso”.
En el terreno personal, es una mujer muy comprometida.

Viene con el carácter. Las monjas me llamaban “la defensora de las causas perdidas”. La prepotencia y el abuso de poder me han llamado siempre mucho la atención. Cuando una monja regañaba a una amiga mía porque sí, protestaba. Era tan traviesa que un año me castigaron el primer día de curso para todos los domingos restantes, pero al segundo domingo me levantaron el castigo porque era peor (risas). Las monjas no me podían expulsar del colegio, porque sacaba matrícula de honor en todas las asignaturas. Pero ganas tuvieron.

¿Qué valores ha inculcado a sus hijos y a su nieto?
He llegado a un pacto con mi nieto, que tiene 9 años, para no hablar ni de política ni de fútbol, dado que él es del Madrid y yo soy culé enfermiza. Los valores son los básicos: honestidad con uno mismo; conjugar el verbo amar, pero en plural, nunca hablar del yo sino de nosotros; y la empatía con la gente que sufre o con las injusticias. Estoy orgullosa, mis hijos han crecido sanos y fuertes, además de con muy buenos principios.

¿Cuál es el secreto para mantenerse tan activa?
No sé. Tengo ilusión por vivir, que es lo más importante. De seguir viendo a mis hijos felices, aunque ya son unos señores muy mayores, una cosa que a mí me asombra. Porque cuando pienso que sólo tengo 71 años no me encuentro mayor, pero cuando pienso que mi hijo mayor, Carlos, tiene 47, entonces sí (risas).

¿La veremos pronto en algún otro proyecto?
Hay un proyecto de teatro que es posible que salga, pero no sé si tomaré la decisión de hacerlo. Tengo que meditarlo. Películas no creo, porque no es fácil, a no ser que les dé ahora por hacer películas de mayores. En mi casa tengo dos guiones en los que todos los personajes tenemos más de 70 años, si encontraran financiación sería estupendo.

Por último, ¿a qué dedica el tiempo libre que le deja su trabajo y todos sus compromisos?
Me gusta leer la prensa, leo tres periódicos al día. Me gusta mucho el ordenador y tengo perfil en Facebook. Me gusta la música y, sobre todo, los boleros. Y el cine, y el teatro... ¡Pero no tengo tiempo!

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