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Miércoles, 3 de Abril 2019


Cómo el cambio al horario de verano afecta a los biorritmos



El simple cambio que vivimos la madrugada del pasado sábado al domingo de adelantar la hora 60 minutos, puede tener consecuencias en nuestros biorritmos. Las alteraciones más habituales afectan principalmente al sistema nervioso y al digestivo.
 
Concretamente, los síntomas van desde la desregulación del ciclo de sueño-vigilia hasta cansancio, fatiga, irritabilidad, problemas de concentración e incluso dolor de cabeza, mareos o trastornos digestivos. Además, esta sintomatología es más intensa con el cambio al horario de verano, pues el cuerpo tiene más dificultades para adaptarse a un día de 23 horas que a uno de 25. Y es que el tiempo de sueño se reduce en un poco más de 60 minutos y la calidad del mismo disminuye un 10 % en los 10 días siguientes a la transición, según un estudio publicado en 'Sience Direct'.
 
Estos síntomas suelen durar entre tres y cuatro días, pero en personas de avanzada edad pueden llegar a los 10 días ya que, por lo general, la calidad del sueño de los mayores es diferente. Y es que una persona sana de 70 años se despierta varias veces durante la noche y las características del sueño en este colectivo difieren en algunos aspectos con el del resto de adultos.
 
Para prevenir la aparición de estos problemas entre las personas mayores, Atenzia ha puesto a disposición de los usuarios de sus servicios de teleasistencia recomendaciones para que personas de edad avanzada sobrelleven mejor el cambio horario:
  1. Evitar dormir siesta durante unos días. Hasta que el organismo se ajuste al nuevo ciclo de sueño, es conveniente no dormir durante el día.
  2. Llevar una vida activa. Practicar ejercicio físico moderado, al menos una hora al día, ayuda al cuerpo y a la mente a estar de mejor humor y a adaptarse a este nuevo cambio. Se recomienda no practicarlo antes de acostarse, ya que el ejercicio estimula el cerebro y esto dificulta el sueño. Mejor practicarlo a primera hora para afrontar el día con energía.
  3. No consumir sustancias estimulantes (café, té o alcohol), sobre todo durante la segunda mitad del día.
  4. Cenas ligeras. Por la noche, los alimentos ligeros son los mejores compañeros para conciliar el sueño.
  5. La cama, con uso exclusivo para dormir. Evitar el uso de dispositivos móviles antes de acostarse, pues la luz puede alterar las pautas de sueño, así como tener efectos secundarios sobre nuestro organismo.
  6. Precaución con la medicación. No se deben tomar medicamentos que no hayan sido previamente prescritos por un médico.
  7. Tener actitudes “relajantes” con música tranquila o una ducha templada, o generar un ambiente propicio para el descanso (oscuridad, ausencia de ruidos, ropa cómoda).

Nota



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