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Martes, 14 de Mayo 2019


¿Cómo cuidar la piel en verano?



Con la llegada del verano y del buen tiempo comienzan las preocupaciones sobre el cuidado y protección de la piel. "Reparar, hidratar y preparar nuestra piel antes de exponerla al sol debieran ser los principios básicos para mantener una piel sana y joven", explica Ester Herranz, directora de Nuevo Concepto Estética Avanzada de Burgos. En este sentido, esta experta ofrece las siguientes recomendaciones:

1. Acierta con la crema de protección solar
Para poder proteger el cutis, debemos conocer nuestro tipo de piel, es decir, nuestro fototipo, que viene definido por el color de la piel, color del cabello, tendencia a las quemaduras solares y la aptitud al bronceado. Estas particularidades están genéticamente programadas. Una vez conocemos nuestro fototipo, ya podemos elegir la fotoprotección que mejor se adapta a nuestra “sensibilidad” natural al sol.

Pero también hay que tener en cuenta las condiciones de exposición solar. En ocasiones, la piel puede presentar una sensibilidad exacerbada al sol independientemente del fototipo, debido a que ha sufrido agresiones repetidas (climáticas, cosméticas, medicamentosas) o debido a que reacciona ante estímulos a los que una piel normal no reaccionaría (alergia) e incluso puede llegar a volverse intolerante al sol.

2. El cielo nublado también quema la piel
Contrariamente a lo que se pueda pensar, un cielo nublado deja pasar los rayos UVA y UVB del sol. Solamente detiene los rayos infrarrojos, por eso no sentimos sensación de calor pero podemos llegar a quemarnos. Asimismo, nos olvidamos a menudo que la luz visible y los rayos ultravioletas del sol pueden alcanzar la piel humana también indirectamente, al reflejarse sobre diversas superficies: sobre el agua un 20 %, sobre la hierba un 10 %, sobre la nieve un 85 % y sobre la arena de un 15 a un 25 %.

3. Limpiar, hidratar y proteger
Igual que nos lavamos los dientes desde que somos pequeños, deberíamos introducir un hábito saludable respecto del cuidado de nuestra piel. Debemos limpiar, hidratar y proteger nuestra piel desde jóvenes.

4. La piel es el espejo de nuestra dieta
Comer un menú saludable y equilibrado que aporte los nutrientes necesarios y específicos se reflejará de forma inmediata en la piel. Comienza el día con agua tibia con limón. Activa el metabolismo y ayuda a eliminar toxinas. Bebe agua o infusiones aunque no tengas sed, desintoxican el hígado, hidratan el cuerpo y bajan los niveles de colesterol. Es aconsejable, en general, cerca de dos litros al día.

5. Presta especial atención a la piel del cuello, escote y labios
Los labios y el escote son zonas extremadamente sensibles a la exposición solar. También la nariz, las orejas o los empeines. Aplica protección solar en estas zonas por la mañana y no olvides reaplicar a lo largo del día. Por la noche, tras la limpieza de la piel, es recomendable realizar cuidados específicos en la zona perilabial y en el contorno de los ojos para combatir arrugas y líneas de expresión.

El gran problema de la zona del escote es el fotoenvejecimiento, por eso es tan necesaria la fotoprotección y reaplicarla varias veces a lo largo de la jornada. Al llegar a casa, no olvides hidratar la zona y mimarla con mucho cuidado. Los tratamientos en cabina también ayudan a combatir las indeseadas manchas de esta zona tan delicada de nuestro cuerpo.

El sol es nocivo para nuestra piel
El sol es indispensable para vivir, pero su radiación puede tener una incidencia nociva en el organismo, sobre todo en nuestra piel. Y, por lo tanto, debemos protegerla adecuadamente.
La energía que llega a la Tierra está constituida por:
  • Rayos infrarrojos, responsables de la sensación de calor.
  • Luz visible, se compone de los siete colores del arco iris (violeta, índigo, azul, verde, amarillo, naranja y rojo).
  • Ultravioletas (UVA y UVB), invisibles al ojo humano y de energía superior a la luz visible.
Cada uno de estos componentes de la energía también es responsable de efectos nocivos, como la deshidratación o insolación (rayos infrarrojos), envejecimiento cutáneo (luz visible), cánceres cutáneos (rayos UVA), o quemaduras solares (rayos UVB). 

Nota



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