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Miércoles, 2 de Marzo 2016


Carlos Iglesias: "Gracias a Pepelu y Benito he podido hacer cine"



La comicidad -cualidad de cómico, que divierte y hace reír- se tiene o no se tiene. Y Carlos Iglesias -actor, director de cine y guionista- tiene agudeza y gracejo, chiste y donaire, chispa y humor, gracia y salero, ingenio y atractivo. Unos pocos minutos han bastado para comprobarlo. Ha sido la cita perfecta, y encima en un hotel de lujo, el NH Collection Madrid Eurobuilding. La razón, la presentación de una obra escrita y protagonizada por él mismo, La suite nupcial, que prorroga sus representaciones en el mes de marzo. Una divertidísima comedia que habla sobre el amor y las infidelidades y que ha supuesto su vuelta al género teatral.

En primer lugar, ¿cómo estás? ¡Cuánto tiempo sin verte!
Pues… muy bien (risas). Sí, cuando uno está haciendo películas entre una y otra pasa mucho tiempo, como poco tres años.

Esta obra, La suite nupcial, supone tu vuelta al teatro 28 años después, ¿no son muchos? 
Sí. Al salir de la Escuela de Arte Dramático, lo primero que me surgió de trabajo fue el teatro, y es lo que estuve haciendo en el María Guerrero, en el Centro Dramático Español y luego dando vueltas por España. Al poco tiempo, empecé en la televisión, con el Mississippi y las series que surgieron. Y, después, me metí a hacer mis propias películas, y así han pasado 28 años de una forma rapidísima.

¿Qué sensaciones tienes tras esta vuelta?
Afortunada e inesperadamente, me siento muy bien. La suite nupcial es una obra de teatro que escribí expresamente para este espacio, la suite presidencial del NH Collection Madrid Eurobuilding. Al principio, reconozco que la cercanía de 20 centímetros con respecto a los espectadores me acobardó mucho, porque ni siquiera de joven había hecho funciones tan cerca del público, pero enseguida vi que aquello era maravilloso.

¿Cómo surge este proyecto de teatro para un hotel?
Casualmente, en un viaje a Milán coincido en el aeropuerto con Verónica, la actriz que me acompaña, y Juan García, su compañero y además el productor de esta obra, que me llama la atención y me dice: “Hacía tiempo que estaba buscando tu número de teléfono. Te tengo que hablar de un proyecto”. A la vuelta en Madrid, me trae aquí, a la suite presidencial, y me comenta: “Quiero que sea un centro cultural, que haya actuaciones musicales, monólogos y teatro. Y para el teatro me gustaría que estuvieras con nosotros”. Le contesté: “Vale, me comprometo a escribirte una obra”. Y le encantó. Es una comedida muy divertida, las cosas como son, no es que lo diga yo, lo dice también mi madre (risas), y me pidió trabajar en ella. Al principio, no quería, pero varias personas me aconsejaron que esto mismo se estaba haciendo en Londres, Nueva York… con actores muy conocidos. Me hablaron de Dustin Hoffman y pensé: “Hombre, pues no vamos a ser menos que Dustin Hoffman (risas)”.

¿Y cómo es trabajar entre tanto lujo?
Mucho más agradable que trabajar entre poco lujo (risas), las cosas como son. Aquí hay una calidad de vida para el espectador y para el actor muy grande, que habitualmente en un teatro convencional no se tiene. Y ya en microteatro infinitamente menos. Vamos, que después de actuar uno no quiere volver a su casa (risas), se quiere quedar aquí para toda la vida.

¿Nos puedes contar algo sobre el argumento? Sabemos que das vida al pobre Fidel, ¿por qué pobre?
Pobre Fidel por lo que le ocurre a lo largo de la obra, pero de pobre no tiene absolutamente nada, él solo se ha metido en la boca del lobo. Es una obra para adultos que tiene que ver con las infidelidades, con el paso del tiempo, con la edad, el poco hábito de ligar y ser ligado, con las contradicciones que tiene que a un hombre le guste otra persona más joven que él… Un hombre que paga 1.300 euros por una suite nupcial, pues te puedes imaginar que es para algo (risas).

¿Es verdad que los hombres jóvenes quieren ser fieles y no lo consiguen; y los hombres viejos quieren ser infieles y no lo logran? 
Sí, es la maldición del hombre durante toda la vida. Cuando eres joven, las tentaciones son muchas y es difícil mantenerse firme; y cuando eres mayor, justamente lo contrario (risas), estás loco porque surja una oportunidad en la vida de no sé qué, pero ya no te mira “ni el Tato”.

¿Y dónde estarías tú?
No me quiero comprometer (risas), porque ya casi estaríamos en una confesión de iglesia. Lo único que hago es escribir y servir, como sirven todas las obras de teatro, de espejo a una sociedad que, obviamente, tiene personajes como los que nosotros sacamos en la obra.

La fidelidad ¿está sobrevalorada o es un concepto mal entendido?
Bueno, depende. Cuando eres tú el infiel (risas), la cosa cambia. Cuando te los ponen a ti, seguramente se sentirá de otra forma. También depende del momento de tu vida en que te suceda. Ahora somos más permisivos de lo que éramos antes o de lo que eran nuestros padres o nuestros abuelos, y entendemos que, aunque estés ligado a una pareja, puede haber una tentación en un determinado momento y es humano aceptarlo.

Para ti, ¿qué sería lo más importante en una relación? 
Tener una compañera. Lo más importante es sentirte acompañado por un ser humano, no sólo en la parte sexual o emocional, sino en todo lo demás. Que corra a tu lado en los buenos y en los malos momentos de la vida, que son muchos.
¿Los hombres maduran con la edad?
Se madura poco (risas). 

En la obra, trabajas con tu mujer, Eloísa Vargas. Todo queda en casa.
La conocí en la Escuela de Arte Dramático de Madrid y desde entonces estamos juntos. Me pareció que podía ser la gobernanta del hotel perfecta, ella que me gobierna la vida a mí (risas). 

Por Esther Eugenio


Nota



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