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Lunes, 20 de Octubre 2014


Cambios en la ingesta y el gasto energético pueden ayudar a reducir el aumento de peso



“Se define como equilibrio energético el estado que se alcanza cuando la ingesta energética equivale al gasto energético. Un equilibrio energético positivo, en el que la ingesta supera el gasto, produce aumento de peso del que aproximadamente entre el 60 y el 80 % será grasa corporal”. Estos son algunos de los aspectos recogidos en un trabajo científico publicado en la revista científica US Endoncrinology y analizado durante el transcurso del Simposio “Balance energético, un nuevo modelo de gestión en salud”, celebrado en el marco del  VI Congreso de la Fundación Española de Dietistas-Nutricionistas (FEDN) en Valencia.
 
Según este estudio, los componentes del equilibrio energético son interdependientes y requieren ser regulados a varios niveles. Mientras la pérdida de peso exige grandes cambios de conducta que desencadenan reducciones compensatorias en el gasto energético (que a su vez facilitan la recuperación del peso), prevenir su aumento puede lograrse mediante cambios de conducta más pequeños, como reducir la ingesta de 100 calorías diarias y aumentar la actividad física (en la mayor parte de los casos).
 
“El cuerpo humano funciona mediante un complejo sistema de control fisiológico que hace que los componentes de la ingesta y gasto energético no se puedan alterar de forma individual sin cambios compensatorios en el otro elemento. Por eso, las estrategias para combatir la obesidad se deben centrar tanto en la entrada como en el gasto de energía”, afirma la doctora Pilar Riobó, del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid, y una de las expertas participantes en el simposio.
 
Según la doctora Riobó, “nuestro organismo está preparado para funcionar con una ingesta limitada de alimentos y ejercicio suficiente, y no al contrario, como sucede actualmente en muchos casos. Es necesario que el conjunto de la dieta sea variada, moderada y equilibrada, que tenga en cuenta las necesidades de cada persona, y que se acompañe de un estilo de vida que incorpore actividad física diaria”, afirma.
 
Para la doctora Marcela González-Gross, catedrática del Departamento de Salud y Rendimiento Humano de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte-INEF de la Universidad Politécnica de Madrid, miembro de CIBERobn (Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición) y directora del Grupo ImFINE de Investigación en Nutrición, Ejercicio y Estilo de Vida Saludable, “comprender cómo funciona el equilibrio energético en nuestro organismo y formar a la población en este sentido, son la base para la creación de estrategias de reducción de la prevalencia del sobrepeso y la obesidad más efectivas”.
 
Según esta experta, “la totalidad de la comunidad científica considera hoy el ejercicio físico como una de las herramientas de salud pública con mayor potencial para prevenir el sobrepeso y la obesidad, por eso es muy importante dotar a la población de las infraestructuras necesarias para ayudarles a desarrollar un estilo de vida más activo”. A este respecto, la doctora González-Gross señala que diversos estudios han identificado cómo en los últimos 50 años la actividad física laboral se ha reducido en más de 100 calorías diarias.

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