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Lunes, 6 de Agosto 2018


Buen trato a las personas mayores



El buen trato es intrínseco a la persona, independientemente de su edad, y afecta a distintas esferas de la vida, desde el respeto a la identidad, dignidad y autonomía hasta la utilización de un lenguaje correcto. De ahí la importancia de acabar con los estereotipos erróneos sobre el envejecimiento y la necesidad de empoderar a las personas mayores en la sociedad. Consciente de ello, el Foro LideA, en colaboración con la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), ha presentado el Decálogo del buen trato periodístico a las personas mayores. Asimismo, junto con el Ceapat, ha diseñado el símbolo gráfico para la señalización de espacios destinados a las personas mayores.

¿Qué es ser mayor? Cuando nos levantamos cada mañana somos un poco más mayores que el día anterior, pero no envejecemos de golpe. Aunque resulta una obviedad, sirve para entender que los 65 años, que es la actual edad de jubilación, no puede ser la barrera cronológica a partir de la cual una persona empieza a considerarse, de repente, mayor. La jubilación es un punto de inflexión, el momento en el que cada persona que pasa por este proceso tiene que volver a encontrarse a sí misma. Todo cambia, ¿pero por qué tiene que ser a peor? 

La vida está llena de etapas diferentes: pasamos del instituto a la universidad, de vivir con nuestros padres a independizarnos, de viajar con nuestra pareja y/o amigos a tener hijos… El proceso de adaptación puede costar más o menos, pero prácticamente todo el mundo logra superarlo con éxito. Por tanto, debemos ver la jubilación como el punto de partida de una nueva etapa que debemos aprovechar porque tiene muchas cosas buenas. Por ejemplo, deberíamos poder disfrutar de tiempo y cierta solvencia económica para viajar, comprar caprichos tecnológicos, perfeccionar ese idioma que se nos quedó atravesado hace años, aprender a bailar… 

Además, la jubilación no tiene en cuenta el aumento de la esperanza de vida que, en 1960 era de 69 años y hoy es de 83,1 años (80,4 años para los hombres y 85,7 años para las mujeres). Por todo ello, el corte de los 65 años no se ajusta al envejecimiento actual de la sociedad. 

Los sexagenarios de hoy nada tienen que ver con los de hace décadas. Atrás queda la imagen de una abuela vestida de negro, que camina apoyada en un bastón y con el pelo cano recogido en un moño. Si bien una persona de 65 años es mayor que otra de 60, en ningún caso responde al calificativo de mayor entendido como viejo o anciano. Es más, todos conocemos a personas de 80 y más años que disfrutan de un envejecimiento activo. Personas que, a pesar de tener las dolencias propias de la edad, son autónomas e independientes. Se trata de un colectivo heterogéneo que tiene mejor salud, más formación, dispone de tiempo libre (gracias a que sus hijos están teóricamente criados), y recursos económicos suficientes para viajar y consumir moda, tecnología, cultura, etc.  

Por todo lo expuesto, hay imágenes y estereotipos que debemos desterrar para ajustarnos a la realidad. Sobre estas cuestiones, los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad para evitar estereotipos negativos e incorrectos sobre las personas mayores y lo que significa envejecer. 

El papel de los medios
Los medios de comunicación debemos hablar de las personas mayores desde el respeto a su individualidad, personalidad propia y estilos de vida diferentes. Asimismo, tenemos que valorar su capacidad de aprendizaje, defender su derecho a una participación real en la sociedad y reivindicar su capacidad de liderazgo. Y, en ningún caso, los periodistas debemos pensar por las personas mayores. Lo correcto, cuando surja alguna duda, es preguntar a las propias personas mayores sobre sus intereses e inquietudes, como fuente de información directa y fidedigna.  

La publicidad y los medios en general debemos, por tanto, aprender a reflejar la pluralidad de las personas mayores y recurrir a imágenes positivas que expresen la experiencia y sabiduría que aporta la edad. Para ello, es necesario cuidar especialmente el lenguaje y evitar expresiones peyorativas, paternalistas y discriminatorias. Existen una serie de términos que hay que desterrar y adoptar otros más apropiados que se ajusten a la realidad. 

Precisamente, el decálogo elaborado por Foro LideA sobre el buen trato periodístico a las personas mayores ofrece una serie de recomendaciones a los medios de comunicación.

Por Sonia Garcia
 


Nota







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