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Miércoles, 9 de Noviembre 2011


Alimentos funcionales a examen


El interés creciente por sentirnos sanos se hace patente en la cesta de la compra. Y es que cada vez nos preocupamos más por lo que comemos, ya que tenemos más que asimilado la máxima de que “los alimentos son la mejor medicina”. A pesar de ello, a veces elegir el producto adecuado puede suponer todo un dilema debido a la proliferación de artículos novedosos que prometen cuidar y mejorar nuestra salud.


Alimentos funcionales a examen
Desde hace ya algunos años los consumidores pueden encontrar en sus tiendas de alimentación habituales una amplia variedad de productos enriquecidos a los que se le atribuyen efectos beneficiosos para la salud, tanto a corto como a largo plazo. Poco a poco estos alimentos funcionales, como se les conoce, han adquirido protagonismo en la dieta de pequeños y adultos hasta llegar ha consumirse casi a diario con el afán de prevenir enfermedades o conseguir una reestablecimiento de la salud.

La fibra, los zumos con antioxidantes, los cereales enriquecidos con ácido fólico, los lácteos desnatados y los productos enriquecidos con omega 3 o esteroles son los más populares, pero existen otros grupos de alimentos que también son reconocidos como funcionales.
De acuerdo al Proyecto Functional Food Science in Europe (FUFOSE), organismo perteneciente a la Unión Europea encargado de regular la información dirigida al consumidor sobre este tipo de productos, para que un alimento pueda considerarse funcional ha de demostrar científicamente que, además de sus efectos nutritivos, afecta de forma beneficiosa a una o más funciones del organismo humano (cardiovascular, intestinal, inmunológico, desarrollo mental, etc.), mejorando el estado de salud o reduciendo el riesgo de contraer enfermedad. En este sentido, se pueden distinguir cinco grandes tipos de alimentos funcionales:

- Naturales. Muchos alimentos tradicionales como las frutas, las verduras, el pescado, la leche... contienen componentes que resultan beneficiosos para nuestro organismo por lo que pueden considerarse funcionales. Por ejemplo, el consumo habitual de frutos secos en pequeñas cantidades se ha asociado a una menor morbilidad y mortalidad por enfermedades cardiovasculares y a una reducción de la colesterolemia en diversos estudios clínicos controlados.

- A los que se ha añadido un componente. Valga como ejemplo los cereales enriquecidos con ácido fólico y fibra; la leche enriquecida con calcio; los huevos y la leche enriquecida con omega 3...

- A los que se le ha quitado un componente. Tal es el caso de los lácteos desnatados, en los que se desgrasa la leche y se elimina la grasa saturada/nata de su composición.
- A los que se les ha eliminado un componente y al mismo tiempo se le ha añadido otro. En esta categoría están aquellos productos que, por un procedimiento especial, se ha disminuido en gran manera el aporte de grasas saturadas perjudiciales para la salud y en su lugar se utilizan componentes procedentes del aceite de oliva virgen extra o de la soja, que son grasas más saludables. Esto tiene una clarísima ventaja nutricional.

- A los que se ha modificado la naturaleza de algún componente o modificado su biodisponibilidad. Por ejemplo, los cereales enriquecidos con fibra modifican su biodisponibilidad, ya que la fibra regula los picos hiperglucémicos que se producen tras la ingesta de alimentos ricos en carbohidratos. De este modo, se consigue que frente a la ingesta del mismo alimento no enriquecido, el índice glucémico (capacidad de un alimento de incrementar la glucemia) sea menor y más recomendable para el organismo.

Alimentos funcionales a examen
Beneficios principales

Como consecuencia de la introducción de estos alimentos en la dieta diaria, se pueden conseguir beneficios interesantes para la salud. Entre los más importantes se encuentran aquellos relacionados con la reducción del riesgo de enfermedades cardiovascular, la estimulación del sistema inmunológico, la protección del nivel de masa ósea o el cuidado frente a problemas gastrointestinales.

Muchos de estos productos ayudan a disminuir la concentración de colesterol en sangre. Esto se debe a que contienen estanoles o esteroles vegetales, sustancias que absorben el colesterol, favoreciendo la salud cardiovascular. Lo mismo ocurre con otro tipo de alimentos funcionales a los que les sustituyen las grasas saturadas por otras de mejor calidad nutricional, como los ácidos grasos monoinsaturados (aceite de oliva) o los poliinsaturados omega 3, que son archiconocidos por sus propiedades saludables.

La fibra dietética es otro de los componentes que se añaden en los alimentos para lograr mejorar la calidad de la microflora intestinal, muy alterada en la actualidad debido al estilo de vida. En la misma línea, tienen muy buenos resultados los probióticos, que regulan el sistema gastrointestinal. La actividad de estas sustancias ayuda también a fortalecer nuestras defensas naturales.

Por otro lado, existen alimentos funcionales que se caracterizan por su aporte de minerales y vitaminas. Las vitaminas son fuente indiscutible de antioxidantes, principios que activan las defensas; asimismo, ayudan a la absorción de otros minerales claves para el bienestar, como ocurre con la vitamina D y el calcio. En este caso, tanto la vitamina como el mineral constituyen elementos básicos del desarrollo y mantenimiento de los huesos, lo que influye directamente en la prevención de la osteoporosis.

A pesar de ello, los expertos aseguran que los alimentos funcionales no curan ni previenen por sí solos si no están incluidos dentro de una dieta variada y equilibrada; e incluso concretan que si una persona sana ya ingiere todos los nutrientes que necesita, no hace falta recurrir a esta nueva categoría de alimentos, aunque en determinadas circunstancias pueden sernos de suma utilidad.

   ¿Son seguros?    
En el mercado hay cada vez más alimentos que contienen componentes activos añadidos con el objetivo de producir efectos beneficiosos sobre la salud, tanto a corto como a largo plazo. Sin embargo, en muchos casos todavía no hay estudios suficientes que avalen estas propiedades. Asimismo, los consumidores no tienen una información clara sobre qué son estos alimentos, qué pueden aportar o cómo diferenciarlos. Por esta razón, la legislación actual exige que se valoren previamente los efectos beneficiosos y su seguridad antes de llegar al mercado. En la misma línea, no se prodrán alegar propiedades beneficiosas en publicidad si no hay aval científico que los constate y, por supuesto, en el etiquetado debe aparecer información comprensible y fiable. Por su parte, la población debe ser consciente de que estos productos tienen que estar integrados en el contexto de una dieta variada y equilabrada.

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