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Martes, 6 de Octubre 2015


Agua termal, fuente de salud física y emocional



¿Te gustaría beneficiarte de las propiedades de las aguas mineromedicinales y, al mismo tiempo, disfrutar de tu tiempo de ocio en un entorno natural privilegiado? No esperes más y escoge uno de los más de 100 balnearios que hay en nuestro país, donde te podrás hospedar el tiempo que desees y poner en forma tu cuerpo y mente. Un equipo médico te aconsejará sobre el circuito o programa termal que contribuirá a mejorar tu enfermedad o dolencia, pero también tienes la posibilidad de recibir tratamientos terapéuticos que, aunque no necesitan el agua termal, también son muy beneficiosos para la salud física y emocional.

Un balneario se caracteriza por sus aguas mineromedicinales que, teniendo en cuenta sus propiedades curativas y terapéuticas, son declaradas de utilidad pública. Además, sus instalaciones deben estar preparadas para realizar tratamientos termales, prescritos por un equipo médico, y dirigidos a tratar diferentes enfermedades o dolencias. 

La Asociación Nacional de Balnearios (ANBAL) clasifica las aguas mineromedicinales y sus propiedades de la siguiente manera:

Aguas bicarbonatadas, ricas en sal de ácido carbónico. Controlan la respuesta anafiláctica y regulan el sistema digestivo, favoreciendo la eliminación de ácido úrico y regulando el pH. Se recomiendan en casos de pesadez de estómago y reflujo, así como en afecciones reumatológicas y endocrinológicas.

✔ Aguas cálcicas, ricas en calcio y, normalmente, asociadas a sulfuros. Protegen el aparato digestivo y también son diuréticas. Resultan beneficiosas para afecciones del tracto digestivo y dolencias relacionadas con la degeneración ósea o problemas cardiovasculares como el colesterol alto. 

Aguas carbogaseosas, que contienen gas de ácido carbónico libre. Bebida, estimulan el apetito y facilitan la digestión. Por vía externa, es un potente vasodilatador arterial y se recomienda en dolencias del aparato circulatorio.

Aguas cloruradas. Destaca su acción antiséptica, antiflogística y estimulante de la cicatrización. Se recomiendan en el tratamiento de afecciones quirúrgicas traumáticas, reumatológicas, dermatológicas y respiratorias, neuralgias y problemas ginecológicos. 

Aguas ferruginosas, ricas en hierro bivalente. Ideales para personas con anemias ferropénicas, trastornos del desarrollo, convalecencias e hipertiroidismo. También son muy beneficiosas si estás haciendo dieta. 

Aguas fluoradas. Ricas en flúor, que protege la estructura ósea y previene la osteoporosis. Perfectas para mujeres que sufren los efectos de la menopausia. 

Aguas magnésicas. Destaca su acción purgativa, ya que facilitan el tránsito digestivo y la función renal y vasodilatadora. Por ello, están indicadas en disfunciones digestivas, hepáticas y renales, así como para prevenir y tratar la arterioesclerosis y enfermedades cardiovasculares.  

Aguas radiactivas. Emiten radiactividad natural, desprendiendo partículas ionizantes debido a su contenido en gas radón. Su acción es analgésica y se indican en patologías psiquiátricas y cuadros de estrés, enfermedades articulares y reumáticas, procesos asmáticos y afecciones circulatorias.

Aguas sódicas, con propiedades antisépticas. Se recomiendan en la recuperación de heridas infectadas y en procesos catarrales, porque ayudan a eliminar las secreciones bronquiales y a relajar la musculatura asociada. También contribuyen a neutralizar toxinas. 

Aguas sulfatadas. Estimulan las funciones orgánicas, especialmente en el aparato digestivo; además, es descongestionante y purgante. Se recomiendan bebidas para regular el tracto digestivo y las vesículas asociadas. 

Aguas sulfurosas. Indicadas en dolencias reumáticas, dermatológicas y procesos respiratorios crónicos. 

Por Sonia García


Nota








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