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Martes, 9 de Octubre 2018


Abuelos ¿encantados de cuidar?



¿Cuántas veces los abuelos han de hacerse cargo de recoger a sus nietos del colegio, llevarles al médico, hacer los deberes con ellos, jugar con ellos? Muchas. Pero ¿cuántas de esas veces son consultados? ¿Qué pasaría si se negaran a hacerlo? Esta es la base de la novela "Ellos encantados", de Pablo Dávila, en la que, a través del humor, nos acerca a Carmen y Rafa, los abuelos que un día deciden decir “no”, lo que genera un singular conflicto familiar.

¿Qué sucede si un día los abuelos, encargados habitualmente del cuidado de los más pequeños, se niegan a hacerlo, dando prioridad a sus propios deseos? Seguro que esa decisión generaría un disgusto en la familia, una pelea que afectaría a todos sus miembros, a los nietos, a los hijos y a los propios abuelos.

Sobre esta realidad que viven muchas familias en nuestros días se sustenta la historia que el creativo Pablo Dávila refleja en su primer novela: "Ellos encantados", editada por Mueve tu lengua. Una historia, no exenta de humor y de ironía, que nos hace plantearnos diversas cuestiones, como el papel que deben jugar los abuelos en la educación de sus nietos, cuál ha de ser la aptitud de los hijos al pedirle a sus padres asumir la responsabilidad del cuidado de sus hijos, o cómo han de respetarse las directrices de los hijos a la hora de educar a los nietos. 

El autor reconoce que lo que le llevó a abordar este asunto fue que le sorprendía que en ficción no se trata el tema. “No encontré referentes claros, sobre todo en comedia”. Tal vez porque son situaciones que se tratan con toda la normalidad en las familias dando por supuesto que los mayores son cuidadores, compañeros, que están disponibles siempre y cuando se les necesite.

Dávila nos presenta cómo se enfrenta un conflicto familiar desde las tres generaciones que la componen (nietos, hijos y padres-abuelos). Un conflicto que se desata cuando Rafa y Carmen, los abuelos, se niegan a cuidar a los nietos y deciden seguir con sus planes. “Creo que es importante e interesante contar historias de abuelos en tanto en cuanto son personas con mucho peso en la vida real. Sin ir más lejos, son los que leen y llenan cines y teatros, para quienes trabajamos en cultura son absolutamente fundamentales”, afirma el autor. 

Como ocurre en este libro, en muchas familias los abuelos son imprescindibles porque “sus hijos no quieren renunciar a nada, son la generación ‘me lo pido todo’, como dice Rafa. Es decir, en este caso la presión para echar mano de los abuelos es autoimpuesta”, explica Dávila. Aunque del mismo modo reconoce que, en otros muchos casos, hay familias que sí necesitan que se les ayude por diferentes motivos.

“He hecho todo lo posible para que mi novela no juzgue a nadie. Sólo expongo un caso posible y lo cuento desde distintos puntos de vista para que cada persona extraiga sus conclusiones”, asegura el autor que, además, rompe “una lanza por esos chalados ‘me lo pido todo’, sobre todo por Lourdes, la hija protagonista, que no es ni más ni menos que fruto de sus tiempos: tiene que ser perfecta porque es lo que se espera de ella”. 

La abuela "abnegada"
Uno de los perfiles más claramente diferenciados entre todos los personajes de la novela es el de Carmen, la abuela “abnegada”, como la define su creador. Una abuela “entregadísima y muy servicial (y muy divertida)”, que Dávila considera que representa a la gran mayoría de las abuelas, “madres, tías y suegras (al menos, es lo que me dice repetidamente la gente que la lee)”. Debido a ese carácter, cuando surge la pelea en la familia, cuando su marido elige seguir sus planes antes que cuidar de sus nietos, el afán de la abuela no es otro que “restituir la paz con todo tipo de subterfugios (como intentar sobornar a su hija con kilos de comida casera y creaciones de ganchillo)”. Es realmente la mediadora en el conflicto, demostrando el enorme cariño que siente por todos aunque incluso considere que no están en posesión de la verdad. 

Aunque Carmen represente a muchas mujeres, a muchas abuelas, Dávila insiste en que sólo representa un modelo, porque “imagino que hay tantos tipos de abuelas y abuelos como de personas”. Lo que es innegable para él tras la escritura de esta historia, “y sobre todo tras los comentarios que la novela suscita, es que sería imposible para muchísima gente llevar a cabo un proyecto de vida sin la ayuda de los abuelos”. Estos prestan una ayuda esencial en diferentes ámbitos, porque no sólo dedican su tiempo (“y su dinero”) cuidando a los demás miembros de la familia, sino que además son un “gran apoyo emocional”, a pesar de que no siempre su labor sea suficientemente reconocida. 

“A mí me interesó este tema porque me resultaba candente y poco explotado, pero metido en harina caí en la cuenta de que iba mucho más allá, es la punta del iceberg para hablar de otras muchas cosas: el desfase generacional, la educación de los niños, el consumismo, la ambición profesional, los nuevos modelos de familia… Pero, sobre todo, lo que quería era hacer reír”, afirma Dávila. 

La falta de comunicación
El autor reconoce que una parte importante de los conflictos que surgen en la familia de Ellos encantados es consecuencia de la falta de comunicación que se establece entre ellos. Así lo afirma convencido, máxime después de escuchar algunos de los comentarios lanzados por los lectores, como “nunca me había puesto en el lugar de mis padres cuando les pido que cuiden a mis niños. Otra lectora, esta vez abuela, me dijo que el libro le había resultado terapéutico”. Es más, reconoce que ha comprobado cómo la gente se regala el libro en las familias “para contarse cosas que les cuesta verbalizar”. 

Tal vez por eso Dávila se muestra seguro de la “utilidad obvia de la comunicación y la empatía” para mantener muchas relaciones, sean del tipo que sea, las familiares también. “Pero no soy ningún experto, me he limitado a poner en situación a unos personajes en los que mucha gente se siente reflejada y, de paso, hacer pasar un buen rato. Muchos lectores me dicen que hacía tiempo que no se reían tanto. La risa autoparódica parece ser muy útil en la gestión de los malos rollos”. 

Y aunque se define como un “mero observador creativo” que no se atreve a prescribir el mejor modelo de relación entre padres y abuelos y entre abuelos y nietos, sí que apuesta por una comunicación más fluida. “El verdadero tema de Ellos encantados es el lío tremendo que se monta cuando no se dicen las cosas a tiempo”. Una comunicación que pasa por escuchar a los mayores de la casa. 

Él reconoce que, en ese sentido, ha sido un hombre afortunado puesto que tuvo unas abuelas muy carismáticas que le aportaron, entre otras muchas cosas positivas, “infinidad de historias de mi familia y alrededores. Nos pasamos la vida consumiendo ficción, pero no valoramos los relatos de nuestros propios mayores que, además de ser muy entretenidos, están basados en nuestros hechos reales. Eso tiene un valor incalculable, muchas veces desaprovechado”. 

El papel de los mayores hoy
Nuestros mayores hoy son personas activas, comprometidas, ilusionadas y con ganas de seguir formando parte activa de la sociedad en la que viven. Pablo Dávila reconoce que le ha sorprendido la respuesta de los lectores de más de 60 años, ya que pensaba que se identificarían con los personajes mayores, pero no ha sido así. 

“Para mi sorpresa, a veces se identifican más con otros personajes, se reconocen más en el rol de hijos, hermanos, compañeros de trabajo, etc. Incluso se identifican con los niños porque les recuerdan a su infancia. Eso demuestra que ser mayor es una mera circunstancia que no define a las personas. Es decir, vemos a las personas mayores como una forma de ser en sí misma sólo por el hecho de haber alcanzado una determinada edad, y en realidad siguen siendo quienes eran a los 25 años, pero con otra apariencia”. 

El autor afirma que no tiene “ni idea” de cuál debería ser el rol de los mayores en nuestra sociedad, pero que le gustaría “llegar a viejo sin que mi edad condicionara en exceso lo que haga ni cómo me traten los demás”. 

Por Juani Loro


Nota







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