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Lunes, 3 de Octubre 2016


¡Cuídate para poder cuidar!



Los cuidadores no profesionales de una persona con discapacidad o en situación de dependencia son aquellos familiares (normalmente mujeres) o personas de su entorno, que prestan los apoyos necesarios para la realización de las Actividades Básicas de la Vida Diaria (ABVD). Además de satisfacer sus necesidades asistenciales, el cuidador debe procurar mantener o mejorar su calidad de vida y promover un envejecimiento activo y saludable. La tarea de cuidar puede durar unos meses o años, lo que afecta a las relaciones familiares, laborales y sociales del cuidador. Por eso, para que pueda prestar una atención de calidad es imprescindible que primero aprenda a cuidarse a sí mismo.

El aumento de la esperanza de vida y el correspondiente envejecimiento de la población han provocado un crecimiento notable de las personas mayores en situación de dependencia, que necesitan ayuda para satisfacer sus necesidades básicas y continuar viviendo en su entorno habitual con seguridad y calidad de vida. Ahí es donde la figura del cuidador familiar, informal o no profesional se hace cada vez más imprescindible.

La familia juega un papel imprescindible porque no sólo ayuda a cuidar, sino que es una referencia vital y proporciona seguridad, protección, acompañamiento y cariño. De hecho, la implicación de todos los miembros de la familia y el reparto de tareas va a facilitar la continuidad y la calidad de los cuidados. No obstante, aunque lo ideal sería que todos los miembros de la familia prestaran apoyo para que la carga y las responsabilidades se repartieran, lo más frecuente es que exista un cuidador principal que asume un mayor grado de compromiso e invierte más tiempo y esfuerzo. 

En este sentido, según datos obtenidos de la evaluación del curso online impartido por la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) a más de 9.000 cuidadores familiares de personas mayores dependientes el pasado mes de junio, el perfil del cuidador es el de una mujer de edad media, con estudios, que trabaja y que cuida una media de cuatro o cinco horas al día, durante cinco días a la semana desde hace más de tres años. 


¿QUÉ PASA CON MI VIDA?
Cuidar implica multitud de cambios en la vida del cuidador, sobre todo por la cantidad de tiempo y energía que requiere atender las necesidades básicas de la persona mayor o en situación de dependencia con la mayor calidad y calidez posibles e intentar mantener su bienestar. “Cuidar significa luchar por alguien que queremos. Tu vida personal pasa a un segundo plano y, en muchas ocasiones, cambias el yo por el tú. Pero cuidar no significa sólo dificultades, sino que es una de las experiencias vitales más satisfactoria y conmovedora que existen”, asegura la trabajadora social y coordinadora del Grupo de Trabajo sobre la Ley de Dependencia de la SEGG, Ángeles García.

Conciliar la labor de cuidar con el trabajo no es fácil. En primer lugar, subraya esta experta, “el cuidador debe ser consciente de que no siempre puede hacerlo todo. Tiene que aprender a diferenciar las cosas urgentes de las menos urgentes, a canalizar las emociones y no sentirse culpable si no llega a todo, tanto en el trabajo como en casa. ¡La perfección no existe!” .../...

Por Sonia García


Nota







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