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Martes, 10 de Octubre 2017


Ver bien para vivir mejor



La salud visual es un requisito indiscutible para conseguir mayor calidad de vida a cualquier edad. A pesar de ello, a medida que se cumplen años se va restando importancia a este sentido primordial, en muchos casos porque la pérdida de visión se considera una consecuencia normal del envejecimiento, o también porque la persona sobreestima sus facultades y cree ver mejor de lo que ve.

Esta actitud nos hace flaco favor, pues no se acude al especialista con la asiduidad aconsejable, lo que dificulta el diagnóstico y tratamiento precoz de ciertas patologías graves que son más frecuentes a partir de los 50 años, como el glaucoma o la degeneración macular asociada a la edad, y de otras producto simplemente del envejecimiento natural del ojo, como la presbicia o las cataratas.

La vista es el sentido más importante para la mayoría de las personas: nos ayuda a conocer el entorno, a comunicarnos, a relacionarnos; nos da seguridad y autonomía para movernos, favorece nuestro aprendizaje, nuestro disfrute, etc. Sin embargo, no siempre le prestamos la atención necesaria.

Para mantener una salud visual adecuada, los oftalmólogos recomiendan a las personas mayores de 50 años realizarse una revisión anual preventiva porque, a partir de este momento, es más frecuente la aparición de ciertas patologías oculares, que es importante diagnosticar a tiempo, pero que no dan la cara ni producen síntomas hasta que están muy avanzadas, lo que dificulta su tratamiento eficaz.

Incluso ya antes, a partir de los 40 años, cobran especial importancia las revisiones, porque a estas edades se empieza a padecer presbicia o vista cansada. Según el Libro Blanco de la Visión en España, la presbicia es una alteración frecuente que afecta al 67 % de las personas de más de 45 años y que se produce porque el cristalino pierde elasticidad y la capacidad de enfocar objetos.

Entre los síntomas que se suelen apreciar, están el notar las letras borrosas al leer de cerca; dificultad para enfocar de lejos después de haber estado un rato mirando un objeto cercano; lagrimeo, picores y somnolencia al leer; sensación de necesitar más luz para ver mejor, etc. 

Según la doctora María Teresa Álvarez, oftalmóloga especialista en retina en los centros oftalmológicos VISSUM, la vista cansada no se puede prevenir, pero es un problema de fácil solución con el uso de gafas para mejorar la visión de cerca. Incluso, si el paciente está interesado en no llevar gafas, se puede valorar la posibilidad de realizar distintos tipos de cirugías.

“El tratamiento más recomendable es la lensectomía refractiva, porque permite una corrección global y duradera del problema”, sostiene la doctora Álvarez. En esta operación, se sustituye el cristalino por una lente intraocular multifocal, que corrige los defectos refractivos y funciona de forma semejante a las gafas multifocales. De esta manera, el paciente ganará visión en todas las distancias y calidad de vida.

Fácil solución para las cataratas
Otra patología relacionada con el cristalino son las cataratas. Esta alteración oftalmológica, que sufren cuatro de cada diez personas mayores de 60 años, se caracteriza porque el cristalino se va volviendo opaco de manera progresiva, lo que provoca disminución de la visión. Los pacientes tienen la sensación de vista nublada y desenfocada.

Según los expertos, estos síntomas pueden comenzar a notarse a partir de los 45 o 50 años. De hecho, es a partir de los 50 cuando la densidad del cristalino aumenta, signo asociado con la aparición de cataratas. Por tanto, es clave que si se aprecia alguna molestia se acuda cuanto antes al oftalmólogo. Asimismo, los especialistas insisten en que si se realizaran revisiones frecuentes sería más fácil detectar la catarata a tiempo y dar una solución más eficaz y menos invasiva. 

La oftalmóloga de VISSUM considera que el tratamiento más adecuado para eliminar las cataratas es la facoemulsificación del cristalino con microincisiones corneales y el implante de lente intraocular. Es la técnica más común para la cirugía de cataratas y consiste en romper el cristalino mediante una corriente eléctrica, aspirar los restos y después colocar una lente intraocular  a través de una incisión mínima en la córnea.  

La intervención es rápida (10 o 20 minutos) y segura, con excelentes resultados. El paciente recupera su visión completa en poco tiempo y el resultado es definitivo. Además, “permite recuperaciones más rápidas y posoperatorios más cómodos para el paciente”, asegura la doctora Álvarez.

Esta experta aconseja hacer una elección correcta de la lente, porque de ello depende “no sólo la calidad de la visión, sino la posibilidad de prescindir de las gafas tras la cirugía”. En su opinión, “lo más recomendable, siempre que sea posible, es optar por lentes de última generación, como las trifocales o multifocales”.

Cuidado con la DMAE
La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) se ha convertido en una de las patologías visuales más preocupantes, tanto por su prevalencia como por sus consecuencias. Esta alteración que se produce por el envejecimiento de la mácula, que es la parte central de la retina y la encargada de conseguir la visión de detalle y de los colores, afecta a 750.000 personas en España mayores de 50 años, que es la población con mayor probabilidad de padecerla.

Además, su principal consecuencia es la pérdida de visión e incluso la ceguera legal. Así lo explica la doctora Álvarez: “La DMAE es una enfermedad que puede producir ceguera legal con incapacidad para la lectura y la escritura, entre otras consecuencias, por lo que un diagnóstico y tratamiento precoces son de gran importancia”.

Para el diagnóstico es fundamental que la persona acuda al oftalmólogo si aprecia las imágenes distorsionadas, es decir, si las líneas rectas las ve torcidas y los objetos borrosos, o si aparece una mancha oscura en el centro del campo de visión que le hace perder visión. Pero también puede detectarse en un control rutinario, de ahí, la importancia de las revisiones. 

Existen dos tipos de DMAE: la atrófica o seca y la exudativa o húmeda. La solución para la forma atrófica consiste en la administración de complementos nutricionales y medidas de protección solar. En cuanto a la exudativa, que es más grave, la doctora Álvarez indica que el tratamiento se basa en inyecciones de unos medicamentos llamados antiangiogénicos intravítreos, que se pinchan en el globo ocular y que frenan el desarrollo de la enfermedad.

Por Carmen Moreno


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