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Miércoles, 7 de Junio 2017


Sopas y cremas frías



La llegada del buen tiempo imprime algunos cambios en nuestras rutinas diarias, y también en la mesa. El calor invita a disfrutar de alimentos frescos, más livianos pero igualmente sabrosos, productos que en cualquier momento del día ayudan a hidratar y a nutrir al mismo tiempo. Así, durante esta época del año las sopas y las cremas frías forman parte indiscutible de la dieta porque, además de nutrir e hidratar, son platos sabrosos y apetecibles que convierten la comida y la cena en momentos agradables.

Si alimentarse es mucho más que la rutina de ingerir alimentos durante todo el año, durante la época estival esta premisa cobra aún más relevancia, ya que las temperaturas elevadas requieren una dieta sabrosa, variada y saludable en la que no se olvide la necesidad de mantener unos niveles de hidratación adecuados.

Por eso, es en esta época del año en la que más se consumen sopas y cremas frías, en sus múltiples variedades, desde las más clásicas como el gazpacho, el salmorejo o el ajoblanco, por ejemplo, a las más innovadoras, creando combinaciones como algunas de las que aparecen en estas páginas: gazpacho con cangrejos rojos o tartar de salmón con gazpacho de fresas. 

Las sopas son “extraordinariamente saludables”, según los responsables de la Asociación Española de Productos Culinarios, ya que se elaboran, principalmente, con verduras y con caldos de carne o ave. Las sopas pueden incorporar todo tipo de alimentos, procurando combinaciones que sean nutritivas y deliciosas, recomendables para todos los segmentos de población.

Los expertos consideran que sus usos son múltiples, ya que se pueden consumir como primer plato o como base de cocina para trabajar otras elaboraciones. “Podríamos resumir sus beneficios en tres factores: versátiles en su composición, fáciles en la elaboración y nutritivas en su aportación a la dieta”, aseguran. 

Si estamos ante platos que debemos consumir durante todo el año, su asiduidad se incrementa con la llegada del verano, ya que se trata de platos ligeros y refrescantes y, como recuerdan desde la Asociación, en ocasiones, y como consecuencia del calor excesivo, es complicado mantener el apetito o encontrar fórmulas atractivas para los comensales. Esa falta de apetito puede llevar, incluso, a la deshidratación, en los colectivos más vulnerables, al debilitamiento y la fatiga.

Ante esta posibilidad, hay que recordar que hay que beber el líquido suficiente a lo largo del día y refrescarse cuando sea necesario. “En este sentido, las sopas y cremas frías son una buena alternativa” y una fuente de hidratación ideal, “dado que son unas preparaciones culinarias de textura líquida o cremosa, elaboradas con frutas y/o hortalizas, de alto efecto nutricional y bajas en grasas”.


Por Juani Loro

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