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Martes, 6 de Junio 2017


República Checa



Praga
Praga
Lo bueno de tener tiempo es que uno puede permitirse saborear mejor los viajes, yendo a su ritmo, disfrutando de cada rincón y apreciando los maravillosos paisajes que desfilan ante nuestros ojos. Un destino que se deja querer pausadamente, pero cuya belleza deja una profunda huella en nuestros corazones, es la República Checa. A pesar de su reducido tamaño, este país centroeuropeo tiene un patrimonio artístico-cultural que muchos grandes estados querrían para sí.

Para empezar alberga 12 joyas protegidas por la Unesco, muchas de las cuales pertenecen al estilo barroco, uno de los que más ha influido en la actual fisionomía del país. Por eso, una de las posibilidades para descubrir la magia y el encanto de la República Checa es recorrer la conocida como Ruta del Barroco. 

Aunque su concreción es compleja, porque todo el país está repleto de grandes y pequeñas obras urbanas y rurales pertenecientes a este movimiento, un posible itinerario sería partir de Praga, visitar las ciudades de Olomouc y Brno, gozar de la belleza natural del complejo de Lednice-Valtice y del esplendor de los jardines de Kromeríž, sentirse príncipe por un día a los pies del espectacular castillo de Bouzov y finalizar el viaje catando los mejores vinos de Moravia en Mikulov.

PRAGA
La joya de la corona

Para muchos la República Checa es sinónimo de Praga, y es que la riqueza de la capital checa eclipsa a los muchos otros bellos enclaves que esconde el país. Por eso, su visita es obligada, especialmente el casco histórico, deambulando sin prisas por la Ciudad Nueva, la Ciudad Vieja, el Barrio de Mala Strana y el Castillo, aunque si ya la conoces opta por descubrir los nuevos barrios de la ciudad como Karlín y Vinohrady, en los que podrás adentrarte en una Praga distinta, moderna, cosmopolita y llena de restaurantes, cafeterías de diseño y galerías contemporáneas.

OLOMOUC
Referente del barroco checo

Aunque Praga te atrape, y te avisamos de que lo hará, resérvate unos días para salir de sus murallas y visitar algunas de las otras grandes ciudades del país. Te será fácil porque, en apenas dos horas en coche desde la capital, te plantarás en cualquiera de ellas. También es sencillo llegar en tren o en autobús, así que tú decides qué prefieres.

La primera parada puede ser Olomouc, donde se encuentra la que para muchos es la obra de referencia del barroco checo: la única Columna de la Peste de la Santísima Trinidad. Visítala de día, pero también de noche, bajo la cálida luz amarillenta. Su complejidad artística es tal que podrás pasarte horas observando este conjunto escultórico con el que los checos quisieron celebrar el final de la epidemia de la peste en el país.

BRNO
La pequeña Viena

Otro de los rincones para perderse puede ser Brno, la segunda ciudad más grande de la República Checa y una de las más fascinantes, tanto por su animado ambiente, debido en parte a su condición de ciudad universitaria, como por su arquitectura. Y es que por algo la llaman la pequeña Viena. Recórrela sin prisas, deambulando por sus calles, haciendo un alto en el camino en alguno de sus parques o en una de sus muchas cafeterías de diseño y, sí o sí, acércate a la villa Tugendhat, considerada como una de las joyas de la época moderna e inscrita en el Patrimonio de la Unesco.
 

Lednice
Lednice
LEDNICE-VALTICE Y KROMĚŘÍŽ
Belleza natural

Si te gusta la naturaleza debes saber que ése es uno de los fuertes de la República Checa. De hecho, uno de los motivos por los que te recomendamos salir de Praga es para que, en los trayectos de una ciudad a otra, goces de los paisajes infinitos que durante la primavera se visten de gala, alternando los tonos verdes con los toques mágicos del amarillo de los campos de colza, y con el rojo de la amapola, una planta cuya semilla encontrarás en muchos de los platos de la gastronomía y repostería checa.

Pero si hay un lugar donde la primavera brota excepcionalmente es en los coloridos jardines de Kromeríž, un romántico lugar en el que se intercalan fuentes, laberintos e invernaderos, invitando a sus visitantes a vivir la experiencia con todos sus sentidos.

Pero si lo que quieres es pasear a través de frondosos senderos, tanto a pie como en bicicleta, acércate al complejo Lednice-Valtice, donde la exuberancia de los senderos, que cubren unas 300 hectáreas, rivaliza en belleza con los palacios que presiden la finca. 

BOUZOV
País de castillos y palacios

Y es que en la República Checa podrás encontrar palacios y castillos allá donde vayas. Y, lo más importante, la mayoría están en muy buen estado de conservación y es posible visitarlos para disfrutar de sus imponentes instalaciones, y de las exposiciones que muchos de ellos albergan. 

Uno de los castillos más frecuentados por los turistas, y en el que podrás emular la vida de antiguos príncipes y princesas, es el Castillo de Bouzov, uno de los más fotografiados por los checos, ya que en él se rodaron unos conocidos cuentos checos.

MIKULOV
Vinos de Moravia, más allá de la cerveza

Todo viaje, y sobre todo uno tan enriquecedor como éste, merece un buen brindis de despedida. Estando en la República Checa lo suyo sería degustar una rica cerveza, que por algo la República Checa es el país en el que se consume más cerveza de todo el mundo. Pero si eres más de vino, no dejes de probar algunos de los exquisitos caldos blancos que están surgiendo en la región de Moravia del Sur. 

Concluid vuestro periplo en Mikulov, donde podréis hacer un recorrido en bici por las principales bodegas de la zona, e incluso adquirir alguna botella para regalar. Así al degustarla con vuestra familia y amigos al regresar a casa rememoraréis los mejores momentos de una escapada única, que a buen seguro os dejará muy buen sabor de boca. 


Más información: www.czechtourism.com


Nota








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