Lunes, 23 de Julio 2012

Palencia, la primera Universidad de España



Palencia, la primera Universidad de España
“Las primeras y más celebres universidades de la Edad Media tuvieron, sin excepción, una preparación lenta y oscura, siendo muchas veces harto problemático precisar la fecha de su aparición. Esto ocurrió también en la Universidad de Palencia”. Así comienza su libro ‘La antigua Universidad de Palencia’, publicado en 1942, Jesús San Martín Payo, brillante historiador, elocuente orador y querido profesor, señalando las dificultades para fijar las fechas exactas de la creación de la Universidad de Palencia.

Palencia, habitada por los vacceos fue un pueblo que logró la mejor agricultura de las tribus celtibéricas. Los romanos, después de someter la ciudad a dos asedios por el apoyo ofrecido a Numancia sitiada, hicieron de Palencia una de las zonas con mayor desarrollo de la cuenca del Duero.

Con los visigodos tuvo gran importancia y como testimonio nos honran dos edificaciones visigóticas, la iglesia de San Juan de Baños y la cripta de la catedral de Palencia en honor a San Antolín.

La invasión de los árabes deja una profunda huella negativa. Más tarde, con la repoblación se crean las aldeas y en octubre del año 824 el conde Munio Nuño otorga el Fuero de Brañosera, el primero de España.

Sancho el Mayor de Navarra ayudó a levantar la ruinosa situación económica que tenía elevando su prosperidad. A partir de esta fecha, los obispos y las sedes episcopales adquieren importancia, tanto es así que en los años 1113 y 1124 se celebran en la ciudad dos concilios con asistencia del rey de Castilla.

Cuantos han investigado sobre la Universidad de Palencia, arrancan de la escuela episcopal de Conancio, pues aunque del anterior obispo Pastor no existen datos, aquí puede estar el origen de las escuelas palentinas y de aquí pudo arrancar la gloriosa tradición científica de la diócesis de Palencia.

Lucas de Tuy, al escribir de la Universidad de Palencia, elogia a la ciudad con esta frase: “Desde la antigüedad, siempre floreció allí la sabiduría escolar, siempre floreció la milicia”.

En tiempo de los visigodos, con el obispo Conancio, existía un estudio con sabiduría y fama al que vinieron a estudiar otros personajes como San Fructuoso de Braga, que destacó por su saber, elocuencia y esplendoroso celo en los oficios eclesiásticos. Fue después obispo de Palencia durante 30 años.

La restauración de la diócesis se produce con los obispos de origen francés Poncio y Bernardo y ya los escritores admiten la existencia de una escuela, pero sin pruebas para ello. En esta escuela, durante la segunda mitad del siglo XII, estudió San Julián, que sería obispo de Cuenca (1207-1208).

Gran fama y celebridad tenían las escuelas palentinas, cuando llegó a estudiar a ellas Santo Domingo de Guzmán, a través del cual tenemos abundantes noticias, más seguras y detalladas.

Según Jordan: la formación científica de Santo Domingo en Palencia tuvo lugar entre 1184-1198, de los14 a los 28 años. Murió en 1221 a los 51 años. Según este historiador, Santo Domingo fue enviado a Palencia para formarse en las Artes Liberales que se estudiaban en esta ciudad. Adquirida una sólida formación filosófica necesaria para estudiar Teología, cursó durante cuatro años esta ciencia.

Rodrigo Cerrato cuenta que pasados los años de inocencia fue enviado a Palencia, donde existía un Estudio General y describe otros detalles de buen estudiante y servidor de los pobres en la escasez de alimentos que sufría la región. Faltan documentos para conocer el grado académico y se cree que fue profesor regente de Sagradas Escrituras.

Desaparecido el Imperio Romano, la cultura se refugió en los monasterios y las catedrales. Los monasterios crearon sus escuelas para formar a los monjes y los cabildos para elevar el nivel cultural y literario del clero, que se convirtió en el único representante de la cultura. En ellas, se enseñaba el trivium y cuatrivium.

En el siglo XII, ya tuvieron maestros no vinculados a monasterios y catedrales. Los alumnos se desplazaban a esos centros y eran patrocinados por los reyes y papas. Se crean los Estados Generales, pues los estudiantes eran de varias naciones y se enseñaban todas las materias científicas de la época. Estos Estudios Generales se convirtieron en Universidades.

Las Artes Liberales fueron el fundamento de las enseñanzas, se estudiaban y eran el fin de los estudios. En la Edad Media, estas materias fueron la base preparatoria para grandes profesiones, médicos, legistas, canonistas y teólogos. La orientación de los estudios convergía en las ciencias sagradas.

Los primeros textos de Teología fueron el estudio de los Santos Padres, sobre todo San Agustín y San Isidoro de Sevilla, “verdadero maestro de la Edad Media”.

Publicado en los años 1150-1152, el libro de Sentencias de Pedro Lombardo, y por su rápida difusión, se cree que Santo Domingo de Guzmán estudió este texto. Posteriormente, fueron sustituidos por la Suma Teológica de Santo Tomás.

Alumno ilustre del estudio palentino a primeros del siglo XIII, donde pronto adquirió aptitud para desempeñar cualquier dignidad eclesiástica, fue Pedro González Telmo, San Telmo, natural de Frómista.

25 años antes de 1212 se estudiaban en Palencia, Artes Liberales, Teología y demás facultades superiores según los diversos testimonios, en la misma forma que vemos se hacía en la Universidad de París. ¿Qué falta para que califiquemos a este centro, Estudio General, de Universidad, tal como existía en 1185?

“Las escuelas episcopales de París comienzan a adquirir prestigio a finales del siglo XI, época en que existieron ya algunos obispos célebres por su sabiduría en Letras”, graduados en sus aulas e insignes profesores y gran concurrencia de estudiantes de Artes Liberales, Teología u otras materias en el siglo XII.

Faltaba la palabra Universidad, conexión entre profesores y alumnos, espíritu de cuerpo, logrado por el sentimiento de trabajo común. Este espíritu de cuerpo se formaba en los últimos años del siglo XII. Enrique Denifle, en su Cartulario de la Universidad de París, dice que los documentos que se refieren a la palabra Universidad comienzan el año 1200. Los anteriores a esta época dicen relación a escuelas, maestros y estudiantes, “separadamente considerados”. La primera intervención de la Universidad formando un cuerpo entre profesores y alumnos es de 1207. Del año 1221 data el primer documento en latín donde se lee: Nos, la Universidad de maestros y alumnos de París (Cartulario universidad parisina).

En Palencia este espíritu corporativo de solidaridad de manuscrito universitario medieval no existe. De todas estas escuelas, sólo las episcopales tuvieron influjo decisivo en el origen de la Universidad.

Así expresa un autor con lenguaje aristotélico la creación de la primera Universidad. Ha tenido una causa material: el magnífico aumento de saber humano en el siglo XII, con un desarrollo generoso puesto a disposición de los espíritus inquietos; y también una causa formal: el desarrollo del movimiento corporativo y la rápida conjunción de hombres animados de las mismas aspiraciones y ambiciones al mismo fin.

Estas dos causas se produjeron al mismo tiempo y tan pronto como una causa eficiente, acontecimiento fortuito, contingencia variable se añadió a ello, se formaba una Universidad. La Universidad también tenía una causa final: el atractivo de las grandes carreras indispensables a la sociedad; en último lugar, una aspiración sublime a servir a Dios y a la iglesia cumpliendo los deberes exigidos de aquellos que quieren ser útiles a la cuidad. Alfonso VIII fue causa formal y eficiente de la Universidad de Palencia.

París y Bolonia fueron creadas por la fuerza natural de las circunstancias. Palencia fue por designación real y si “entonces pudiera faltar en ella este espíritu corporativo, brotaría bajo la protección de Alfonso VIII”. Su fundación fue en los últimos años de su vida entre 1208-1212, ya que el rey falleció en 1214. A partir de esa fecha, podemos dar a los estudios de Palencia el “título honroso, primera Universidad de España”.

¿En qué años tuvo lugar este magno acontecimiento para Palencia y Castilla entera? Un grupo de historiadores, entre ellos Beltrán de Heredia, cree que el Estudio General fue creado entre 1184-1187 y otro que el año 1200.

“En el año 1200 del Señor, Alfonso VIII, rey de Castilla, erigió la Universidad de Palencia, a cuya emulación Alfonso IX, rey de León, constituyó también la Academia de Salamanca: aquella faltó, faltando los estipendios; pero esta floreció continuamente, favoreciéndola principalmente Alfonso X”. Se duda de la fecha en que se grabó esta inscripción.

Dos conocidos testigos como Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo, y Lucas de Tuy, coinciden en afirmar que Alfonso VIII llamó a profesores de todas las facultades, maestros de Teología y otras Artes Liberales, a sabios de Francia e Italia; a todos los congregó en Palencia y dotó espléndidamente a estos profesores del Estudio General.

Al lado de Alfonso VIII, ayudándole a la fundación, estuvo el obispo Tello Téllez de Meneses, hijo de Don Tello Pérez y Doña Continedo, señores de Cea y Grajal, y descendientes por línea real de los Reyes de León.

Don Tello en 1208 fue nombrado obispo de Palencia y consagrado como tal en 1212, siendo normal y frecuente el retraso en esta época, porque aun no era sacerdote, y en 1214 falleció Alfonso VIII. En ese espacio de tiempo tuvo que ser la fundación.

Si Palencia fue elegida para tener en su seno la Universidad, obedecería a la fama y prestigio de su escuela episcopal y a la riqueza de la diócesis a la que contribuyó la dotación generosa que le hizo Sancho el Mayor de Navarra.

Los cuantiosos bienes que Alfonso VIII había escogido para este fin, debieron desaparecer en el desconcierto económico que siguió a su muerte.

En documentos de la época se encuentran a cada paso protestas y reclamaciones contra los bienes eclesiásticos por los atropellos hechos por el rey Enrique I (1204-1217). En su minoría, bajo la tutela de Alvar Núñez de Lara, la rapacidad del consejo y el robo de sus partidarios llegó a límites increíbles, con lo cual la continuidad económica de la universidad palentina no se presentaba halagüeña.

Muerto Enrique I, precisamente en esta ciudad, heredó la corona Doña Berenguela, quien sin pérdida de tiempo reunió en Palencia a los nobles castellanos y a los obispos y se proclamó reina de Castilla. A continuación, transfirió la Corona de Castilla a su hijo Fernando III, siendo Palencia la primera ciudad que reconoció y juró rey a Fernando III, precisamente en la catedral.

Por parte de Don Tello, llegado el momento de poner remedio al deplorable decaimiento de su querida Universidad y habiendo logrado el asentimiento del monarca en obra de tanta trascendencia para la cultura del Reino, unidos los dos en común aspiración, dirigieron sendas cartas a la Santa Sede, pidiendo su apoyo y aprobación de las medidas que habían tomado para restaurar el Estudio General palentino.

En esta situación económica, Fernando III y el obispo se vieron obligados a dotar a la Universidad con nuevas rentas que se diferenciaban de las primeras por su carácter estrictamente eclesiástico, ya que la diócesis sufragó todos los gastos con parte de los bienes destinados al sostenimiento del culto y reparación de las iglesias. “Es por la que decimos que iba a tomar un carácter eclesiástico si es que no lo tuvo desde su fundación”.

Esta ayuda suponía la cuarta parte de las tercias de todas las iglesias de la diócesis, destinada al culto y reparación de iglesias, equivalente a la duodécima parte de todos los ingresos. Pedía se invirtieran íntegramente por un quinquenio en el salario y retribución a los profesores que había traído del extranjero, para el buen desarrollo de la misma. Para mayor validez de este acuerdo solicitaron la aprobación pontificia.

El papa Honorio III, alabando el celo y a solicitud del obispo, expidió una bula el 30 de octubre de 1220, donde dice que el rey Fernando III de Castilla y el obispo de Palencia se esforzaron en restaurar el Estudio creado en Palencia por Alfonso VIII. Iba dirigida a los nobles y consejos de la diócesis palentina para que facilitasen y no impidieran la recogida de las tercias durante el tiempo señalado, a través de los recaudadores que el obispo dispusiese, para que pudiera continuar la Universidad.

Al estar aprobada la restauración por el papa, Don Tello hizo llegar un teólogo, un canonista, un filósofo y un profesor de Patrística, que unidos a los ya existentes fundamentó un núcleo docente esperanzador.

En carta de 18 de mayo de 1221, Honorio III le contesta en términos de alabanza: Así pues conociendo que para dar la ciencia de la salud a tu pueblo, has creado prudentemente en tu ciudad escuelas de teología, cánones sagrados y otras facultades, Nos, apreciando con razón tu deseo en este cometido, movidos por tus súplicas, tomamos bajo la protección del bienaventurado San Pedro y la Nuestra a las escuelas, a profesores y alumnos, y confirmamos el patrocinio con el presente escrito.

Esta protección era la mayor que podían conseguir las iglesias, los monasterios y otras instituciones; se hacían inviolables en sus personas y propiedades a las ambiciones de nobles y reyes. En esta bula aparece la Universidad de Palencia como un cuerpo moral formado por profesores y alumnos distinguiéndose ya las diversas facultades de teología, cánones y otras.

La Facultad de Teología de la universidad palentina, cuyo privilegio quizá se consiguió por la antigüedad en sus escuelas, fue una prerrogativa extraordinaria, ya que los papas querían preservar este monopolio únicamente para París, y de hecho fue negada posteriormente a otras universidades españolas.

Antes de cumplirse este plazo, el obispo Don Tello acudió a Roma y consiguió que el pontífice renovase por otros cinco años la facultad de sufragar los gastos de la Universidad de Palencia con los bienes eclesiásticos.

El 20 de octubre de 1225 expidió el papa dos bulas, una al clero y cabildo, y otra al obispo. En esta alaba el ardiente deseo de seguir la cruzada contra los sarracenos, ya que lleno de celo por la extensión de la fe, no dudaba en exponer su vida y sus bienes en causa tan santa. Esto demuestra que el obispo era paladín de la reconquista, tomando parte activa en las excursiones militares junto con otros obispos.

Movido por estas razones, el 17 de enero de 1225 expidió una bula dirigida a los nobles y consejos de la diócesis de Palencia, donde les comunicaba la prórroga por otros cinco años y les mandaba que entregasen al obispo con fidelidad las rentas que para este fin se necesitaban.

El estado económico de la iglesia palentina y el escaso nivel literario de algunos de los clérigos rurales, exigió al obispo un esfuerzo, y un deber de sostenerla y conservarla para procurarles formación a través de la universidad palentina.

En 1228 se celebró en Valladolid un concilio nacional presidido por el delegado pontificio. En las conclusiones conciliares se aprobó que, por cinco años, continuaran con el beneficio eclesiástico los maestros de cualquier disciplina, y los escolares precisamente tenían que ser oyentes de Sagrada Teología, porque se deseaba volver al estado del Estudio de Palencia. Era prueba evidente de su decaimiento a pesar del esfuerzo de Don Tello.

El arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, en 1243, en su obra ‘De Rebus Hispaniae’, expresó que la Universidad de Palencia, aunque interrumpida por algún tiempo, continuaba enseñando.

El gran obispo de Palencia logró dejar con vida a su amada Universidad. Poco después de su muerte volvía aquella a interrumpir su vida académica, resultando inútil la gracia extraordinaria que para reanimarlo le concedía el papa Urbano IV, en carta de 14 mayo de 1263.

Don Tello “no solo fue su fundador, sino también alma, sostén y mecenas generoso y espléndido de la Universidad de Palencia”.

El nuevo obispo palentino Don Fernando le expuso al Papa los grandes beneficios que el Estudio General había reportado a Palencia y a España entera, dando erudición a los ignorantes y haciendo virtuosos a los débiles.

El Papa no queriendo que antorcha de tanta claridad permaneciera extinguida concedió a todos y cada uno de los maestros y escolares de cualquier facultad, los privilegios, indulgencias, libertades e inmunidades de que gozaban los maestros y escolares en la Universidad de París. Gracia singular y prueba elocuente de la predilección del Papa por la Universidad de Palencia, igualada a la ya entonces floreciente y pujante Universidad de París.

Una clara consecuencia es que el papado consideraba a los Estudios Generales como cosa suya, hijos predilectos y mimados a los que había que sostener, dirigir y estimular.
No se sabe si los nobles deseos del obispo y cabildo palentinos, apoyados plenamente por el pontífice, se convirtieron en hermosa realidad, dando vida al decaído Estudio Palentino.

El silencio más completo envuelve desde esa fecha a la Universidad de Palencia y “parece que la antorcha luminosa de la ciencia no volvió a despedir nuevos fulgores”. Las causas de la desaparición pudieron ser varias: el ser fundación real y la falta de protección continuada y generosa de los reyes y pontífices.

Según el espíritu de su fundador, esta universidad debería ser nacional, establecimiento del Estado y debía reunir a sus estudiantes. Por encontrarse en época de fundación, el espíritu nacional estaba poco despierto y pudo contribuir a la prematura muerte de la Universidad.

La simpatía que Fernando III sentía por la Universidad de Salamanca, fundada por su padre Alfonso IX, hace pensar en el abandono de la de Palencia por parte de este rey. La muerte de Don Tello en 1240 pudo ser muy sensible para la vida de la Universidad. En la bula de Urbano IV se pone de manifiesto el celo y entusiasmo que sentía por ella el nuevo obispo Don Fernando y su cabildo.

Las dos bulas de Honorio III están dirigidas a los varones nobles y a los consejos constituidos en la diócesis y no a los sacerdotes, ya que se trataba de bienes eclesiásticos.

La tercia, propiedad de la iglesia, se encontraba en poder de los laicos, que la usaban a su antojo, cruzadas contra los moros, etc. Pedían que el Papa interpusiera su gran autoridad espiritual para conseguir que los detentores de aquella renta eclesiástica la pusieran libremente en manos de los recaudadores nombrados por el obispo. Los nobles tenían esta práctica como propia y no se hacían a la idea propuesta por el obispo y el Papa, ya que les suponía una merma importante de sus ingresos.

La falta de demarcación parroquial, los diezmos prediales y tierras en otras parroquias, pudieron debilitar las rentas de la iglesia.

Algunos historiadores han señalado a Salamanca y Valladolid como destino donde se refugió la de Palencia. Se alega como razón de traslado que Salamanca tenía mayores rentas con abundancia de víveres y clima más suave y benigno.

El arcediano del Alcor en su Silva Palentina, comenta que los maestros de Palencia junto con sus bienes fueron trasladados a Salamanca y Valladolid por mandato de los reyes. El historiador Del Pulgar habla de dos traslados: los maestros extranjeros se fueron a Salamanca en tiempos de Fernando III y otro posterior se dirigió a Valladolid.

No queda ningún recuerdo del lugar donde se impartieron las clases, tal vez porque no tuvo edificio propio. Se barajan dos ubicaciones, la plaza de San Pablo, donde un grupo escultórico recuerda a la universidad palentina o la calle Mayor Antigua, “arteria de la ciudad medieval”.

Han empezado a celebrarse este año ciertos actos para conmemorar el VIII centenario de la fundación de la Universidad de Palencia, conciertos de música, publicidad en los periódicos y en la romería de Santa Toribio, etc. Seguirán exposiciones y se publicarán documentos hallados en nuevas investigaciones, que nos gustará conocer a todos con sus modalidades y matices.

Sabremos si Gonzalo de Berceo estudió en los Estudios Generales de Palencia o si el Mester de Clerecía pudo nacer en Palencia, etc.

La esencia misma investigadora estará en este libro de Jesús San Martín: ‘La antigua Universidad de Palencia’, premio por la Junta de Castilla y León en 1995 a la mejor investigación.

Se ha intentado abreviar su obra para difundir cuanto representó para Palencia, el origen de nuestra Estudio General y homenajear el trabajo concienzudo de Jesús San Martín, donde cada investigador acude a informarse en esta publicación y a beber retazos puros de nuestra historia.

* Artículo escrito por Julián Miguel Cuevas, de la Universidad Permanente Millán Santos de Valladolid, para la revista ‘SENDA para gente activa’. Julián Miguel Cuevas es autor del libro ‘Rabanal de los Caballeros, cuna de Don Modesto Lafuente’.

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