Viernes, 9 de Septiembre 2011

Lo que nos hace humanos



Lo que nos hace humanos
Según la antropobiología, nuestra especialidad como especie humana es la consciencia y hace más o menos medio millón de años que tenemos y ejercitamos esa consciencia humana, si bien en Atapuerca, como dice Alsuaga, se han encontrado homínidos de hace 1,3 millones de años. A base de adaptarnos y renovarnos durante miles de años, hemos llegado al 2011.

Los antropólogos nos recuerdan que la capacidad social que nos caracteriza a los humanos condujo a nuestros ancestros a tener más éxito, reproducirse más y tener más probabilidades de sobrevivir. Sin embargo, esa misma capacidad para procesar información social que tanto nos ha beneficiado tiene su parte negativa y es que los humanos, que hemos aprendido a formar grupos cooperativos y cohesionados, somos muy débiles frente a la manipulación.

Creo que fue Ortega quien afirmó que “la masa es imbécil” y si no lo dijo Ortega, es una verdad que nadie puede negar, la capacidad rebañega y borreguil que nos caracteriza; precisamente, porque lo mismo manifestamos una necia terquedad ante lo evidente que negamos la realidad tozuda, una y otra vez, con las consecuencias negativas que ello supone; o nos colocamos de forma incondicional ante cualquier memo o paranoico que enarbola una bandera y nos sumamos a fanatismos irracionales que saben manejar muy bien los manipuladores profesionales, que saben ponernos a su servicio, aprovechando esos sentimientos sociales de grupo, que bien utilizados, sí pueden reportar grandes beneficios al individuo y a la sociedad.

Por eso, educar para tener criterio propio y no dejarse engañar, con el fin de que nuestra sociedad esté formada por el mayor número de personas verdaderamente responsables, es prioritario para nuestro futuro y el de nuestros descendientes. Invito al amable lector a reflexionar sobre esta “gota de sabiduría”.

Si queremos ser más humanos, seamos más conscientes de nuestros actos y más responsables, potenciemos una educación orientada a prevenirnos de fanáticos, manipuladores, espabilados y paranoicos que ejercen de mesías salvadores, para que no aprovechen en su beneficio y para nuestra desgracia, los sentimientos sociales de grupo, que son estupendos si son utilizados por personas bien capacitadas, responsables y honradas; pero en manos de tanto “pollo sin cabeza” que anda suelto, la sociedad labra su propia desgracia.

Nota
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