Lunes, 11 de Julio 2011

La curiosidad, herramienta para la vida



La curiosidad, herramienta para la vida
Uno, que es periodista, y salvando las distancias, sostiene, como Pereira, el valiente y entrañable personaje de Antonio Tabucchi, que la verdad se construye día a día con elementos personales con los que nos movemos entre otros y en medio de lo que conocemos como sociedad.

Y después de unos años, ese “yo circunstancial” de Ortega que aprendimos con los más rudimentarios principios de filosofía, y con el que hemos vivido, a bastantes de los que llegamos a la jubilación se nos queda vacío; a la mayoría restante, a medio llenar. En algunos casos, quiero pensar que los menos, ese principio existencial ha llegado a rebosar y prefieren la inercia a la acción. Una actitud yerma, improductiva de cualquier tipo por inactividad.

No comparto que las personas mayores, con el razonamiento (o excusa, que de todo hay) de haber trabajado durante toda la vida, incluso con exceso, acepten como realidad insalvable que han de encarar y vivir una jubilación pasiva. Un alzarse de hombros con lamentos de “ya no sirvo para nada; no hago nada, pues”. Por una razón, que para mí entiendo como argumento esencial: la innata curiosidad de la persona a la que se ha de dar respuesta.

Es cierto que hay mayores que, con el paso de los años, incluso aún estando en activo, pueden ir perdiendo esa ilusión, los interrogantes, los porqués. Pero habremos de ejercitar la voluntad, la curiosidad por conocer, quizá por reencontrarse, con las ganas de saber; no hablo de adquirir conocimientos, que también. Se trata de abrir sentidos y sentimientos a lo que nos rodea y se nos ofrece para continuar en estado de alerta permanente una vez lleguemos a jubilarnos.

Esa predisposición, la curiosidad de la que hablo, es la raíz de la que cada cual ha de nutrirse, desde la serenidad que da la veteranía, la vida, la experiencia acumulada –siempre útil–. Porque llegar a jubilado, a mayor, no es ser viejo ni inútil ni rezagado ni mucho menos, excluido. Todos los intereses que uno de nosotros ha tenido en su vida laboral y familiar en tantos años podemos atenderlos ahora. ¿Y por qué no satisfacer esa curiosidad desde la Universidad?

Tarde es un adverbio de tiempo que deberíamos dejar de usar. Aún es otro que habríamos de atender cada día.



Pere Miquel Campos Cuadau

Colaborador del Observatorio Mayores

y Medios de Comunicación

Universidad Permanente

de la Universidad de Alicante (UPUA)


Nota
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