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Martes, 4 de Abril 2017


Juan Diego, actor



El pasado 17 de marzo se estrenó en el Teatro Reina Victoria de Madrid la función "Una gata sobre un tejado de zinc caliente". La obra cumbre del dramaturgo estadounidense Tennesse Williams, por la que obtuvo un premio Pulitzer en 1955, fue llevada a la gran pantalla de la mano de Richard Brooks con Paul Newman y Elizabeth Taylor como protagonistas. Casi 60 años después de aquella versión, el actor sevillano Juan Diego interpreta al abuelo, al que están preparando una fiesta por su 70 cumpleaños que dará mucho que hablar. Poco a poco irán saliendo a la luz temas tan actuales como la familia, la pasión, la enfermedad, la ambición, la adicción, el amor y, sobre todo, el desamor.

¿Por qué elegiste protagonizar esta obra?
La directora, Amelia Ochandiano, me llamó y me dijo: “¿Qué te parece esta obra? ¿Te apetece?”. Y la verdad es que cuando la leí, sentí que había un personaje muy potente y un texto con varios temas recurrentes, muy actuales, como son las pasiones humanas, el miedo, la angustia, el patetismo… Y mucho humor, ese humor malo que tenemos dentro y que florece un día de esos señaladitos. La Navidad, casi siempre, suele ser el gran momento para sacar a relucir las miserias del hombre. O, en este caso, durante mi cumpleaños.

Interpretas a un padre de familia dominante. ¿Qué matices propios le has aportado?
Soy de la teoría, y supongo que mis compañeros también, de que todo cuanto hay en el mundo, de bueno y de malo, lo tengo dentro y, por tanto, considero que a los demás seres humanos les pasa lo mismo que a mí, porque no vengo de Marte. Por ello, creo que el texto está escrito por un ser que sufre, que vive, que piensa… Y a partir de ahí, empiezas a tirar y a rasgarte las tripas y a hacerte sangre, y van saliendo cosas. 

¿Qué tiene de novedosa esta nueva revisión del clásico?
No hay nada novedoso. Sobre las relaciones humanas ya está todo dicho. Quizá, sea la manera de plantearlo. Porque estará todo dicho del amor, sin embargo, las historias de amor siguen funcionando cuando se cuentan desde otra perspectiva, desde otro momento, y eso es lo que, de alguna forma, sigue sorprendiendo al que viene a ver la representación. Nos sigue sorprendiendo lo que ocurre en las familias o en la vida cuando se plantea encima de un escenario. 

La obra es un retrato de los problemas que tenemos para afrontar y decir la verdad con las personas que tenemos más cerca. ¿Tan difícil es hablar?
Sí, porque escondemos todo. La palabra casi siempre manipula. La usa mucho el poder para crear eufemismos sobre el desarrollo de la realidad, porque así como es clarificadora, también es ocultadora según quien la utilice y según los intereses de cada cual. 

También se plantean conflictos universales como la mentira, el sexo, la represión, la homosexualidad… 60 años después de que Tennesse Williams escribiese la obra ¿siguen estando vigentes?
Todo eso existe y sigue estando vigente. Además, nunca va a dejar de estarlo, porque es lo que somos los humanos. Pero cuando se cuenta desde la verdad, desde la necesidad de soltarlo, escribirlo, interpretarlo, de vaciarte un día, por qué no se va a poder contar. Hemos avanzado muy poco en nuestros sentimientos primitivos.

Por Esther Eugenio


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