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Viernes, 28 de Julio 2017


El 75 % de los ictus afectan a personas mayores de 65 años



El ictus es la primera causa de dependencia de un adulto en España y cada año entre 120.000 y 130.000 personas sufren un ictus en nuestro país. De estos casos, el 75 % afectan a personas mayores de 65 años.

Desde Boehringer Ingelheim, se quiere concienciar tanto a las personas mayores como a su entorno de la importancia de llevar un estilo de vida cardiosaludable para prevenir el ictus. La compañía sigue apostando en mejorar el día a día de las personas anticoaguladas, con continuas campañas de información y formación, como la reciente campaña en la que se ha resaltado la importancia de gestionar el estrés para reducir el riesgo de ictus en las mujeres.

Nunca es tarde para mejorar la salud cardiovascular y prevenir las enfermedades del corazón. Debido al aumento de la esperanza de vida y a la disminución de la tasa de fecundidad, la población mundial está envejeciendo a pasos acelerados. Se espera que, en menos de 50 años, la población mayor de 60 años se duplique en todo el planeta. Asimismo, en el año 2025, más de 1,2 millones de españoles habrán sobrevivido a un ictus.

Teniendo en cuenta que la cardiopatía isquémica y los ictus son las principales causas de fallecimiento, así como de discapacidad moderada y grave en los mayores de 60 años, la prevención se ha convertido en un aspecto fundamental en nuestra sociedad.

Entre otras enfermedades cardiovasculares, la prevalencia e incidencia de la insuficiencia cardiaca se duplica cada década a partir de los 40-45 años, siendo ya la causa de mayor frecuencia de hospitalización entre mayores de 65 años. Además, las enfermedades cardiovasculares suelen ir asociadas a otras comorbilidades. Por esta razón, es importante promover un estilo de vida y comportamiento saludables en todas las edades, ayudando así a prevenir o retrasar la aparición de enfermedades crónicas en la vejez.

El estudio "Interheart" demostró que, a cualquier edad, una actividad física regular y mantenida ejerce un efecto protector contra el infarto agudo de miocardio, hasta el punto de señalar la inactividad como un riesgo del 12,2 % mayor para esta patología.

Entre los beneficios múltiples e inmediatos para la salud se incluyen un mejor balance muscular, coordinación motora, fuerza, flexibilidad, resistencia aeróbica y cardiovascular, además de un mejor metabolismo. La actividad física también contribuye a la prevención y tratamiento de patologías, entre ellas enfermedades cardiovasculares, osteoporosis y diabetes tipo II. Por otra parte, la actividad física juega un papel importante en la salud mental de las personas.

Además, un estilo de vida activo debe ir acompañado de una alimentación saludable. Las personas de edad avanzada tienen tendencia a modificar sus hábitos alimentarios, reduciendo el número y la cantidad de comidas y bebidas, lo que puede llevarles a un estado de malnutrición o incluso desnutrición.

Se debe primar el consumo de verduras y hortalizas, acompañadas de cereales integrales y proteínas magras como el pollo y el pavo, además de pescados. Especialmente en verano, es importante asegurar la ingesta de líquidos para mantener una correcta hidratación. Se recomienda tomar aproximadamente dos litros, la mayor parte debe ser agua, aunque se puede complementar con infusiones, zumos y otras bebidas.

5 claves para mantenerse activo a partir de los 60 años:
  1. Consultar con un médico. Se debe informar y consultar al médico antes de empezar una nueva rutina de ejercicio o alimentación, para que pueda evaluar nuestro estado de salud. Es recomendable realizar una prueba de esfuerzo para determinar qué tipo de ejercicio se puede practicar y la intensidad.
     
  2. Alimentación saludable. Para tener energía y mantenerse activo es necesaria una buena nutrición. Una alimentación equilibrada, con una correcta hidratación, moderando el consumo de alcohol, sal y azúcar ayudarán a tener un estado de salud óptimo.
     
  3. Incrementar la actividad física diaria. No sólo el deporte es válido. Hay pequeños cambios que se pueden incluir en nuestra rutina cotidiana con el objetivo de conseguir aumentar nuestra actividad. Por ejemplo, subir un tramo de escaleras en vez de usar el ascensor, caminar en vez de coger el autobús o hacer pequeños ejercicios mientras vemos la tele, son algunas de las maneras de incrementar la actividad física.
     
  4. Practicar una actividad que resulte agradable. Si disfrutamos con la actividad escogida será más fácil crear un hábito y mantener la práctica de manera continuada. Actividades como pasear, bailar o jugar a la petanca son algunos ejemplos que aportan beneficios para la salud.
     
  5. Realizar estiramientos. Son imprescindibles tanto antes como después de la práctica deportiva, ya que estirar la musculatura evita lesiones, mejora el rendimiento y permite mantener una mejor flexibilidad y movilidad.

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