Miércoles, 9 de Noviembre 2011

Acepta lo que os diferencia y aprovecha lo que os une



Acepta lo que os diferencia y aprovecha lo que os une
Desde que publiqué en la Editorial Grijalbo mi libro Aprendiz de sabio, he venido publicando en esta revista unas cuantas “gotas de sabiduría” que han servido a muchos lectores para llevarlas a su propia vida y sentirse mejor. En adelante, cada “gota de sabiduría” que desarrolle en cada colaboración, procuraré expresarla en forma de pensamiento o frase lapidaria para que el amable lector, si lo desea, la recuerde mejor.

El pensamiento de hoy, o “gota de sabiduría”, la aplico y recomiendo a cualquier tipo de convivencia, ya sea la conyugal, la familiar o la convivencia en el trabajo. Con aquellas personas con las que, por los motivos que sean, tenemos que convivir frecuentemente, la regla de oro es: “Aceptar del mejor grado posible las cosas que nos separan o diferencian y aprovechar al máximo la que nos unen y nos proporcionan complicidad y felicidad”.

Si focalizamos la atención en las cosas que nos unen a nuestra pareja, a un hermano, a un amigo o a un compañero de trabajo y sabemos vivir del gozo y de la alegría de compartirlo, aunque no sea demasiado, las probabilidades de que la convivencia funcione y de que seamos felices son casi totales.

Supongamos un matrimonio que tiene en común tan sólo cuatro cosas: que les encanta viajar, bailar, compartir actividades con los amigos y cada uno tener libertad para practicar su hobby favorito. En todas las demás cosas, no coinciden. Pues bien, lo que sucederá es que procurarán que sean muy frecuentes los viajes compartidos, el ponerse a bailar como peonzas en cualquier fiesta, boda o reunión, harán reuniones con amigos casi todas las semanas y con esto, darán a sus vidas dinamismo, alegría y felicidad.

En todo lo demás que les diferencia se respetarán y aceptarán. Si a él le encanta algunas tardes jugar al mus con sus amigos, ella no protestará por ello y aprovechará para ir con los amigas a un desfile de moda o de compras, que le encanta. El problema viene cuando somos tan necios que no aceptamos lo que nos diferencia de los demás y no sabemos aprovecharnos de las cosas que nos unen. Entonces, cualquier tipo de relación está condenada al fracaso.

Al fin, “la vida no es en sí ni un bien ni un mal, sino el lugar del bien o del mal, según que el hombre practique lo uno o lo otro”, como decía Montaigne. Pongámoselo más fácil a la felicidad, disfrutando con los demás lo que nos une y encanta.

Nota
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